POR LA VIDA DE MI HIJO:

Egresado de la Escuela de Administración de la Facultad de CCEE, con algo más de 25 años de trabajo en la actividad privada, siempre en el área económica financiera empresarial, muchos de ellos a nivel gerencial, con un carácter formado y disciplinado para la toma de decisiones basadas únicamente en la razón y la lógica.

Quizás por vicio profesional casi sin darme cuenta, desarrollé mi vida personal y familiar de la misma manera, fría, rutinaria, meticulosamente, ocupándome y preocupándome tanto de conseguir, cuidar y conservar las cosas que yo asociaba con el bienestar y la felicidad, que perdía de vista la felicidad misma y vivía amargado.

Siempre había un íntimo vacío que no podía llenar por más cosas que le pusiera y preguntaba si ese era el real sentido de mi vida.

Así me encontró hace seis años una enfermedad muy complicada de uno de mis hijos. Entonces actué siguiendo la lógica. Los mejores médicos, la búsqueda permanente de nuevos y milagrosos medicamentos, las técnicas que se empleaban en otros países. Pero nada funcionaba.

Yo sabía de Dios, y traté de buscarlo, técnicamente, yendo de una iglesia a otra, representándolo con distintas imágenes, recitándole oraciones mecánicamente, tratando de negociar con él con promesas y ofrendas, queriendo contratar intercesores que se comunicaran mejor con El.

La Navidad de 1998, el mismo 25 yo estaba acompañando a mi hijo en el CTI de un Sanatorio, mi familia, quebrada, todo el arsenal médico del que me había rodeado sin funcionar. Entonces el Señor le habló a la amiga de una amiga que integra esta querida familia, y le dijo, oren por el hijo de Javier. Entonces en Teoterapia, que no sabían quien era Javier y mucho menos su hijo, comenzaron a orar por nosotros, y mi hijo salió del Sanatorio.

Con mi esposa, todavía quebrados, angustiados, sentimos la necesidad de ir a ver a esa gente que no conocíamos para agradecerle lo que no sabíamos que era pero suponíamos que era bueno.

No sabíamos con que espectáculo nos íbamos a encontrar, nos decíamos será alguna secta, harán algún ritual extraño, adorarán imágenes, pero era más fuerte la gratitud que sentía, que el miedo o el propio orgullo. Y gracias a Dios por esa gratitud, porque ese día fue el comienzo de una nueva vida para nosotros, fue como nacer nuevamente.

La persona que nos recibió en nuestro problema nos sacudió con su  primera aseveración, nos dijo: miren el Señor no necesita de ningún show para obrar su voluntad, Jesús no anduvo encendiendo velas ni adorando imágenes, cuando hubo de obrar oró a su Padre, confió en El y el mundo se llenó de señales y milagros.

¿Quieren tener el poder de orar libremente, de conversar con Dios y presentarle directamente a Él su problema?  Claro que sí, contestamos.

Entonces hay cuatro principios que deben conocer:

1)    Dios los ama y quiere que sean felices;

2)    Ustedes no se dan cuenta porque vuestra propia condición humana los limita y los separa de El;

3)    Dios conoce su condición y envió a su hijo Jesucristo para que fuera el puente entre ustedes y El;

4)    Para que eso sea efectivo es necesario recibir a Jesús.

Pero eso ya lo debemos haber hecho antes, contestamos.

¿Alguna vez le pidieron que entrara a su vida? No recordamos.

Entonces oren pidiéndole que entre a su vida y de acuerdo a su promesa Él va entrar.

Porque no hacerlo, era tan sencillo. Y lo hicimos y vaya si vino a nuestra vida. Esa pequeña semilla de fe que plantamos en nuestro corazón ha germinado y crece día a día y da fruto, y seguirá creciendo.

Hay alguno entre ustedes que tenga algún problema, del tipo que sea, de salud, económico, familiar, sentimental. Algo que por las noches no lo deje dormir que lo angustie. A quien esté en esa  situación les quiero compartir lo que el Señor me dijo en la primera prédica que escuché: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados que yo los haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”

Y yo le hice caso, fui a Él y ¿saben qué?, era cierto. Y entonces aprendí que no es bendición suficiente creer en Dios, es necesario creerle a Dios, y para creerle es necesario conocerle, buscarle, confiar en Él.

Miren, si de algo me ha servido ser ambicioso en mi vida, ha sido para no conformarme con todo lo bueno que el Señor ha dispuesto para aquellos que le aman, y a no quedarme sólo con las obras sino tratar de estar muy cerca del Hacedor de las obras, tan cerca como para no perderme de nada.

De esa forma hemos comenzado a vivir una gran aventura, la más emocionante, la más hermosa y la más productiva de todas las aventuras, la aventura de ser cristiano.

Viviendo esta aventura he podido asistir a situaciones maravillosas.

He visto como por medio de la  oración, la fe y la confianza, el Señor sanó definitivamente a mi hijo cuando el ojo y la razón decían que no, el corazón estaba destrozado pero el Espíritu decía que sí, que sí es posible, sólo créele. Es cierto que fue un proceso, que fueron tiempos duros, que la oración se regó con muchas lágrimas,  pero así como el oro se limpia con fuego, la fe y la confianza en personas como yo tan duras de corazón, tienen que templarse para que permanezcan y no se rompan en el primer intento de usarlas.

He visto cómo a través de la oración y la entrega confiada, personas amigas, que estaban deprimidas, quebradas, con rebeldía hacia la vida, encontraron el camino y hoy tienen paz en sus corazones y en sus pensamientos.

He visto como la oración de fe levantó a  personas que ya habían entregado  su esperanza de vida y como daba plenitud a otras en su minuto final.

No me lo contaron, yo lo vi, yo lo viví, yo estuve allí.

Hoy sigo cumpliendo mis obligaciones como padre de familia, como empleado, como ciudadano, a mí me parece que hasta un poco mejor, por lo menos estoy en mejores condiciones para hacerlo.

He agregado a mi vida un compromiso como cristiano activo, disponiéndome a compartir todo lo que recibo y trasmitir todo lo que aprendo, trabajando como puedo por la Gran Comisión. El Señor no me demanda grandes sacrificios, lo único que me pide es mi disposición y mi voluntad, y que sea eficiente en el aprovechamiento de mi tiempo en las cosas que sí importan. Y mientras yo me ocupo de algunas de las cosas de Él, El se ocupa de mis cosas.

Sigo siendo imperfecto, no soy ni un sacerdote ni un pastor ni mucho menos un santo. Soy una persona como cualquiera de ustedes, que tiene sus problemas, sus humanas necesidades pero saben qué, voy hacia delante, creciendo, perfeccionándome, madurando.

Tengo un propósito para mi vida, tratar de agradarle, entregarle mi vida, apropiarme de sus promesas y sobre todo una de ellas que cada vez me orienta y me reconforta más, la que Él nos dice: Buscadme y viviréis, porque sé que es verdad y porque no solo hallaré vida para mí, sino también para los que amo.

Gracias, Javier Huertas.

 
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