EL ERA DIFERENTE:

Martín TUYA (Uruguay)

Fue hace muchos años, lejos de aquí,
me lo contó un niño, que encontré caminando por la calle.
Me dijo ven, siéntate a mi lado y escúchame,

no se por qué, pero acepté escucharle, no me haría mal.
Comenzó con emoción diciendo: sabes, para todos solo era un viejo gruñón,
no sé, pero para mí era más que eso.
Estaba solo, dos mascotas eran su familia.

¡Pero si es que nadie nunca se le acercó a preguntar, es nuevo usted aquí,
necesita algo!, no sé, nadie se le acercó, todos decían “es un hombre extraño”.
Así pasaron años, pero aquel hombre había cambiado su mirada,
yo quería hablarle, no sé por qué, sus ojos me decían algo.

Pero es que era solo un niño, y no podía ir.
En el dormitorio yo lloraba, sentía su soledad,
¿como ahora este hombre puede sonreír?, no lo entiendo,
pero parece feliz, y si es pobre, está solo, por eso hay algo especial

hace diez días que no se le ve, tendré que ir a verle
nadie sabe, quizás el murió, iré hasta él.
Al llegar a su humilde hogar, sus brazos me extendió, pasa hijo,
con simpatía me recibió.

Hablamos de todo y le conocí, sé su nombre, de dónde es
pero no me animé a preguntarle que era lo que lo hacía diferente,
la gente no lo percibía, pero sus ojos eran distintos a los de los demás.
Colocó la mano sobre su pecho, estaba muy enfermo el anciano,
y nunca olvidaré lo que él me enseñó diciéndome:
“Aunque al mundo le parezca que estoy solo, no lo estoy”;
y golpeándose el pecho, a la altura del corazón me decía:
“Hace poco encontré a alguien, que nunca me abandonó,
es el mejor amigo que tú y yo podemos tener”.

Y me habló de Jesús,
pero de una forma como si lo pudiera tocar, no como lo hacen por ahí,
y sentí que había alguien junto a él, y eso era lo especial.
Me enseñó como tenerlo como amigo, y ahora mis ojos son como los de él.
Es triste, supe que al tiempo mi amigo murió, y lloré mucho,
pero él también me enseñó, que un día nos volveríamos a ver,
junto a mi nuevo amigo Jesús.

 El niño que me hablaba, me miró a los ojos una vez más
diciéndome, entiendes esta historia es verdad,
mírala en mis ojos como yo lo vi en los ojos de él,
entendí lo más hermoso que ese niño me enseñó.
Entendí que la alegría y la amistad están ahí,
en los ojos, en el corazón de los amigos de Jesús.

Gracias Martín.

 
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