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Por la vida de mi hijo: |
Autor: Javier Huerta. | |
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Egresado
de la Escuela de Administración de la Facultad de CCEE, con algo más de
25 años de trabajo en la actividad privada, siempre en el área económica
financiera empresarial, muchos de ellos a nivel gerencial, con un carácter
formado y disciplinado para la toma de decisiones basadas únicamente en
la razón y la lógica. Quizás
por vicio profesional casi sin darme cuenta, desarrollé mi vida personal
y familiar de la misma manera, fría, rutinaria, meticulosamente, ocupándome
y preocupándome tanto de conseguir, cuidar y conservar las cosas que yo
asociaba con el bienestar y la felicidad, que perdía de vista la felicidad
misma y vivía amargado. Siempre
había un íntimo vacío que no podía llenar por más cosas que le pusiera
y preguntaba si ese era el real sentido de mi vida. Así
me encontró hace seis años una enfermedad muy complicada de uno de mis
hijos. Entonces actué siguiendo la lógica. Los mejores médicos, la búsqueda
permanente de nuevos y milagrosos medicamentos, las técnicas que se empleaban
en otros países. Pero nada funcionaba. Yo
sabía de Dios, y traté de buscarlo, técnicamente, yendo de una iglesia
a otra, representándolo con distintas imágenes, recitándole oraciones
mecánicamente, tratando de negociar con él con promesas y ofrendas, queriendo
contratar intercesores que se comunicaran mejor con El. La
Navidad de 1998, el mismo 25 yo estaba acompañando a mi hijo en el CTI
de un Sanatorio, mi familia, quebrada, todo el arsenal médico del que
me había rodeado sin funcionar. Entonces el Señor le habló a la amiga
de una amiga que integra esta querida familia, y le dijo, oren por el
hijo de Javier. Entonces en Teoterapia, que no sabían quien era Javier
y mucho menos su hijo, comenzaron a orar por nosotros, y mi hijo salió
del Sanatorio. Con
mi esposa, todavía quebrados, angustiados, sentimos la necesidad de ir
a ver a esa gente que no conocíamos para agradecerle lo que no sabíamos
que era pero suponíamos que era bueno. No
sabíamos con que espectáculo nos íbamos a encontrar, nos decíamos será
alguna secta, harán algún ritual extraño, adorarán imágenes, pero era
más fuerte la gratitud que sentía, que el miedo o el propio orgullo. Y
gracias a Dios por esa gratitud, porque ese día fue el comienzo de una
nueva vida para nosotros, fue como nacer nuevamente. La
persona que nos recibió en nuestro problema nos sacudió con su
primera aseveración, nos dijo: miren el Señor no necesita de ningún
show para obrar su voluntad, Jesús no anduvo encendiendo velas ni adorando
imágenes, cuando hubo de obrar oró a su Padre, confió en El y el mundo
se llenó de señales y milagros. ¿Quieren
tener el poder de orar libremente, de conversar con Dios y presentarle
directamente a Él su problema? Claro
que sí, contestamos. Entonces
hay cuatro principios que deben conocer: 1)
Dios los ama y quiere que sean felices; 2)
Ustedes no se dan cuenta porque vuestra propia condición humana
los limita y los separa de El; 3)
Dios conoce su condición y envió a su hijo Jesucristo para que
fuera el puente entre ustedes y El; 4)
Para que eso sea efectivo es necesario recibir a Jesús. Pero
eso ya lo debemos haber hecho antes, contestamos. ¿Alguna
vez le pidieron que entrara a su vida? No recordamos. Entonces
oren pidiéndole que entre a su vida y de acuerdo a su promesa Él va entrar. Porque
no hacerlo, era tan sencillo. Y lo hicimos y vaya si vino a nuestra vida.
Esa pequeña semilla de fe que plantamos en nuestro corazón ha germinado
y crece día a día y da fruto, y seguirá creciendo. Hay
alguno entre ustedes que tenga algún problema, del tipo que sea, de salud,
económico, familiar, sentimental. Algo que por las noches no lo deje dormir
que lo angustie. A quien esté en esa
situación les quiero compartir lo que el Señor me dijo en la primera
prédica que escuché: Venid
a mi todos los que estáis trabajados y cargados que yo los haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde
de corazón. Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga Y
yo le hice caso, fui a Él y ¿saben qué?, era cierto. Y entonces aprendí
que no es bendición suficiente creer en Dios, es necesario creerle a Dios,
y para creerle es necesario conocerle, buscarle, confiar en Él. Miren,
si de algo me ha servido ser ambicioso en mi vida, ha sido para no conformarme
con todo lo bueno que el Señor ha dispuesto para aquellos que le aman,
y a no quedarme sólo con las obras sino tratar de estar muy cerca del
Hacedor de las obras, tan cerca como para no perderme de nada. De
esa forma hemos comenzado a vivir una gran aventura, la más emocionante,
la más hermosa y la más productiva de todas las aventuras, la aventura
de ser cristiano. Viviendo
esta aventura he podido asistir a situaciones maravillosas. He
visto como por medio de la oración,
la fe y la confianza, el Señor sanó definitivamente a mi hijo cuando el
ojo y la razón decían que no, el corazón estaba destrozado pero el Espíritu
decía que sí, que sí es posible, sólo créele. Es cierto que fue un proceso,
que fueron tiempos duros, que la oración se regó con muchas lágrimas,
pero así como el oro se limpia con fuego, la fe y la confianza
en personas como yo tan duras de corazón, tienen que templarse para que
permanezcan y no se rompan en el primer intento de usarlas. He
visto cómo a través de la oración y la entrega confiada, personas amigas,
que estaban deprimidas, quebradas, con rebeldía hacia la vida, encontraron
el camino y hoy tienen paz en sus corazones y en sus pensamientos. He
visto como la oración de fe levantó a
personas que ya habían entregado
su esperanza de vida y como daba plenitud a otras en su minuto
final. No
me lo contaron, yo lo vi, yo lo viví, yo estuve allí. Hoy
sigo cumpliendo mis obligaciones como padre de familia, como empleado,
como ciudadano, a mí me parece que hasta un poco mejor, por lo menos estoy
en mejores condiciones para hacerlo. He
agregado a mi vida un compromiso como cristiano activo, disponiéndome
a compartir todo lo que recibo y trasmitir todo lo que aprendo, trabajando
como puedo por la Gran Comisión. El Señor no me demanda grandes sacrificios,
lo único que me pide es mi disposición y mi voluntad, y que sea eficiente
en el aprovechamiento de mi tiempo en las cosas que sí importan. Y mientras
yo me ocupo de algunas de las cosas de Él, El se ocupa de mis cosas. Sigo
siendo imperfecto, no soy ni un sacerdote ni un pastor ni mucho menos
un santo. Soy una persona como cualquiera de ustedes, que tiene sus problemas,
sus humanas necesidades pero saben qué, voy hacia delante, creciendo,
perfeccionándome, madurando. Tengo
un propósito para mi vida, tratar de agradarle, entregarle mi vida, apropiarme
de sus promesas y sobre todo una de ellas que cada vez me orienta y me
reconforta más, la que Él nos dice: Buscadme y viviréis, porque sé
que es verdad y porque no solo hallaré vida para mí, sino también para
los que amo. Gracias,
Javier Huertas. |
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