Capítulo 1
Llamamiento y misión de Jeremías 1:1
Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes
que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
1:2 Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías
hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero
de su reinado.
1:3 Le vino también en días de Joacim
hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año
undécimo de Sedequías
hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén
en el mes quinto.
1:4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:
1:5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses
te santifiqué, te di por profeta a las naciones.
1:6 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí,
no sé hablar, porque soy niño.
1:7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo
lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que
te mande.
1:8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice
Jehová.
1:9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me
dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.
1:10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos,
para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar
y para plantar.
1:11 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué
ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro.
1:12 Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra
para ponerla por obra.
1:13 Vino a mí la palabra de Jehová por segunda vez, diciendo:
¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve; y su
faz está hacia el norte.
1:14 Me dijo Jehová: Del norte se soltará el mal sobre todos
los moradores de esta tierra.
1:15 Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de los
reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá
cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén,
y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de
Judá.
1:16 Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra
los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de
sus manos adoraron.
1:17 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales
todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo
quebrantar delante de ellos.
1:18 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como
ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra
toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes,
sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.
1:19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo
estoy contigo, dice Jehová, para librarte.
Capítulo 2
Jehová y la apostasía de Israel
2:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
2:2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así
dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud,
del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto,
en tierra no sembrada.
2:3 Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos.
Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos,
dice Jehová.
2:4 Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las
familias de la casa de Israel.
2:5 Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron
en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron
tras la vanidad y se hicieron vanos?
2:6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que
nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto,
por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte,
por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí
habitó hombre?
2:7 Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto
y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable
mi heredad.
2:8 Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová?
y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron
contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron
tras lo que no aprovecha.
2:9 Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová,
y con los hijos de vuestros hijos pleitearé.
2:10 Porque pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar, y
considerad cuidadosamente, y ved si se ha hecho cosa semejante a esta.
2:11 ¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque
ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo
que no aprovecha.
2:12 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera,
dijo Jehová.
2:13 Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente
de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que
no retienen agua.
2:14 ¿Es Israel siervo? ¿es esclavo? ¿Por qué
ha venido a ser presa?
2:15 Los cachorros del león rugieron contra él, alzaron
su voz, y asolaron su tierra; quemadas están sus ciudades, sin
morador.
2:16 Aun los hijos de Menfis y de Tafnes te quebrantaron la coronilla.
2:17 ¿No te acarreó esto el haber dejado a Jehová
tu Dios, cuando te conducía por el camino?
2:18 Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de
Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú
en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?
2:19 Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán;
sabe, pues, y ve cuán malo y amargo es el haber dejado tú
a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor,
Jehová de los ejércitos.
2:20 Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y
dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo
de todo árbol frondoso te echabas como ramera.
2:21 Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo,
pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?
2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre
ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí,
dijo Jehová el Señor.
2:23 ¿Cómo puedes decir: No soy inmunda, nunca anduve tras
los baales? Mira tu proceder en el valle, conoce lo que has hecho, dromedaria
ligera que tuerce su camino,
2:24 asna montés acostumbrada al desierto, que en su ardor olfatea
el viento. De su lujuria, ¿quién la detendrá? Todos
los que la buscaren no se fatigarán, porque en el tiempo de su
celo la hallarán.
2:25 Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas
dijiste: No hay remedio en ninguna manera, porque a extraños he
amado, y tras ellos he de ir.
2:26 Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así
se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes,
sus sacerdotes y sus profetas,
2:27 que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra:
Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro;
y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos.
2:28 ¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti?
Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo
de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades,
oh Judá, fueron tus dioses.
2:29 ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis
contra mí, dice Jehová.
2:30 En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección.
Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador.
2:31 ¡Oh generación! atended vosotros a la palabra de Jehová.
¿He sido yo un desierto para Israel, o tierra de tinieblas? ¿Por
qué ha dicho mi pueblo: Somos libres; nunca más vendremos
a ti?
2:32 ¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de
sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables
días.
2:33 ¿Por qué adornas tu camino para hallar amor? Aun a
las malvadas enseñaste tus caminos.
2:34 Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los
inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas
estas cosas dices:
2:35 Soy inocente, de cierto su ira se apartó de mí. He
aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he
pecado.
2:36 ¿Para qué discurres tanto, cambiando tus caminos? También
serás avergonzada de Egipto, como fuiste avergonzada de Asiria.
2:37 También de allí saldrás con tus manos sobre
tu cabeza, porque Jehová desechó a aquellos en quienes tú
confiabas, y no prosperarás por ellos.
Capítulo 3
3:1 Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de
él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más?
¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues,
has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí!
dice Jehová.
3:2 Alza tus ojos a las alturas, y ve en qué lugar no te hayas
prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como árabe
en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado
la tierra.
3:3 Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia
tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza.
3:4 A lo menos desde ahora, ¿no me llamarás a mí,
Padre mío, guiador de mi juventud?
3:5 ¿Guardará su enojo para siempre? ¿Eternamente
lo guardará? He aquí que has hablado y hecho cuantas maldades
pudiste.
Jehová exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento
3:6 Me dijo Jehová en días del rey Josías:
¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre
todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí
fornica.
3:7 Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí;
pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá.
3:8 Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había
despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá
su hermana, sino que también fue ella y fornicó.
3:9 Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación,
la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el
leño.
3:10 Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió
a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová.
3:11 Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en
comparación con la desleal Judá.
3:12 Ve y clama estas palabras hacia el norte, y di: Vuélvete,
oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre
ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré
para siempre el enojo.
3:13 Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios
has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo
árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová.
3:14 Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo
soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de
cada familia, y os introduciré en Sion;
3:15 y os daré pastores según mi corazón, que os
apacienten con ciencia y con inteligencia.
3:16 Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis
en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá
más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento,
ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se
hará otra.
3:17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová,
y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová
en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de
su malvado corazón.
3:18 En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la
casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a
la tierra que hice heredar a vuestros padres.
3:19 Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos,
y os daré la tierra deseable, la rica heredad de las naciones?
Y dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis
de en pos de mí.
3:20 Pero como la esposa infiel abandona a su compañero, así
prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová.
3:21 Voz fue oída sobre las alturas, llanto de los ruegos de
los hijos de Israel; porque han torcido su camino, de Jehová
su Dios se han olvidado.
3:22 Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones.
He aquí nosotros venimos a ti, porque tú eres Jehová
nuestro Dios.
3:23 Ciertamente vanidad son los collados, y el bullicio sobre los montes;
ciertamente en Jehová nuestro Dios está la salvación
de Israel.
3:24 Confusión consumió el trabajo de nuestros padres
desde nuestra juventud; sus ovejas, sus vacas, sus hijos y sus hijas.
3:25 Yacemos en nuestra confusión, y nuestra afrenta nos cubre;
porque pecamos contra Jehová nuestro Dios, nosotros y nuestros
padres, desde nuestra juventud y hasta este día, y no hemos escuchado
la voz de Jehová nuestro Dios.
Capítulo 4
4:1 Si te volvieres, oh Israel, dice Jehová, vuélvete a
mí. Y si quitares de delante de mí tus abominaciones, y
no anduvieres de acá para allá,
4:2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia,
entonces las naciones serán benditas en él, y en él
se gloriarán.
4:3 Porque así dice Jehová a todo varón de Judá
y de Jerusalén: Arad campo para vosotros,
y no sembréis entre espinos.
4:4 Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón,
varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi
ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la
maldad de vuestras obras.
Judá es amenazada de invasión
4:5 Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén, y decid:
Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos,
y entrémonos en las ciudades fortificadas.
4:6 Alzad bandera en Sion, huid, no os detengáis; porque yo hago
venir mal del norte, y quebrantamiento grande.
4:7 El león sube de la espesura, y el destruidor de naciones
está en marcha, y ha salido de su lugar para poner tu tierra
en desolación; tus ciudades quedarán asoladas y sin morador.
4:8 Por esto vestíos de cilicio, endechad y aullad; porque la
ira de Jehová no se ha apartado de nosotros.
4:9 En aquel día, dice Jehová, desfallecerá el
corazón del rey y el corazón de los príncipes,
y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravillarán
los profetas.
4:10 Y dije: ¡Ay, ay, Jehová Dios! Verdaderamente en gran
manera has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo:
Paz tendréis; pues la espada ha venido hasta el alma.
4:11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén:
Viento seco de las alturas del desierto vino a la hija de mi pueblo,
no para aventar, ni para limpiar.
4:12 Viento más vehemente que este vendrá a mí;
y ahora yo pronunciaré juicios contra ellos.
4:13 He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino;
más ligeros son sus caballos que las águilas. ¡Ay
de nosotros, porque entregados somos a despojo!
4:14 Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que
seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de
ti los pensamientos de iniquidad?
4:15 Porque una voz trae las nuevas desde Dan, y hace oír la
calamidad desde el monte de Efraín.
4:16 Decid a las naciones: He aquí, haced oír sobre Jerusalén:
Guardas vienen de tierra lejana, y lanzarán su voz contra las
ciudades de Judá.
4:17 Como guardas de campo estuvieron en derredor de ella, porque se
rebeló contra mí, dice Jehová.
4:18 Tu camino y tus obras te hicieron esto; esta es tu maldad, por
lo cual amargura penetrará hasta tu corazón.
4:19 ¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las
fibras de mi corazón; mi corazón se agita dentro de mí;
no callaré; porque sonido de trompeta has oído, oh alma
mía, pregón de guerra.
4:20 Quebrantamiento sobre quebrantamiento es anunciado; porque toda
la tierra es destruida; de repente son destruidas mis tiendas, en un
momento mis cortinas.
4:21 ¿Hasta cuándo he de ver bandera, he de oír
sonido de trompeta?
4:22 Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes
y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no
supieron.
4:23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y
vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz.
4:24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos
los collados fueron destruidos.
4:25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo
se habían ido.
4:26 Miré, y he aquí el campo fértil era un desierto,
y todas sus ciudades eran asoladas delante de Jehová, delante
del ardor de su ira.
4:27 Porque así dijo Jehová: Toda la tierra será
asolada; pero no la destruiré del todo.
4:28 Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán,
porque hablé, lo pensé, y no me arrepentí, ni desistiré
de ello.
4:29 Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó
toda la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques, y subieron
a los peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas, y no quedó
en ellas morador alguno.
4:30 Y tú, destruida, ¿qué harás? Aunque
te vistas de grana, aunque te adornes con atavíos de oro, aunque
pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas; te menospreciarán
tus amantes, buscarán tu vida.
4:31 Porque oí una voz como de mujer que está de parto,
angustia como de primeriza; voz de la hija de Sion que lamenta y extiende
sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya
a causa de los asesinos.
Capítulo 5
Impiedad de Jerusalén y de Judá
5:1 Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos;
buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que
haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré.
5:2 Aunque digan: Vive Jehová, juran falsamente.
5:3 Oh Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Los azotaste,
y no les dolió; los consumiste, y no quisieron recibir corrección;
endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse.
5:4 Pero yo dije: Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido,
pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios.
5:5 Iré a los grandes, y les hablaré; porque ellos conocen
el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Pero ellos también
quebraron el yugo, rompieron las coyundas.
5:6 Por tanto, el león de la selva los matará, los destruirá
el lobo del desierto, el leopardo acechará sus ciudades; cualquiera
que de ellas saliere será arrebatado; porque sus rebeliones se
han multiplicado, se han aumentado sus deslealtades.
5:7 ¿Cómo te he de perdonar por esto? Sus hijos me dejaron,
y juraron por lo que no es Dios. Los sacié, y adulteraron, y en
casa de rameras se juntaron en compañías.
5:8 Como caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer
de su prójimo.
5:9 ¿No había de castigar esto? dijo Jehová. De una
nación como esta, ¿no se había de vengar mi alma?
5:10 Escalad sus muros y destruid, pero no del todo; quitad las almenas
de sus muros, porque no son de Jehová.
5:11 Porque resueltamente se rebelaron contra mí la casa de Israel
y la casa de Judá, dice Jehová.
5:12 Negaron a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá
mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre;
5:13 antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos
palabra; así se hará a ellos.
5:14 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos:
Porque dijeron esta palabra, he aquí yo pongo mis palabras en tu
boca por fuego, y a este pueblo por leña, y los consumirá.
5:15 He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de
Israel, dice Jehová; gente robusta, gente antigua, gente cuya lengua
ignorarás, y no entenderás lo que hablare.
5:16 Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes.
5:17 Y comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos y a tus
hijas; comerá tus ovejas y tus vacas, comerá tus viñas
y tus higueras, y a espada convertirá en nada tus ciudades fortificadas
en que confías.
5:18 No obstante, en aquellos días, dice Jehová, no os destruiré
del todo.
5:19 Y cuando dijeren: ¿Por qué Jehová el Dios nuestro
hizo con nosotros todas estas cosas?, entonces les dirás: De la
manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra
tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena.
5:20 Anunciad esto en la casa de Jacob, y haced que esto se oiga en Judá,
diciendo:
5:21 Oíd ahora esto, pueblo necio y sin corazón, que tiene
ojos y no ve, que tiene oídos y no oye: 
5:22 ¿A mí no me temeréis? dice Jehová. ¿No
os amedrentaréis ante mí, que puse arena por término
al mar, por ordenación eterna la cual no quebrantará? Se
levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán
sus ondas, mas no lo pasarán.
5:23 No obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se
apartaron y se fueron.
5:24 Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová
Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos
guarda los tiempos establecidos de la siega.
5:25 Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas, y vuestros pecados
apartaron de vosotros el bien.
5:26 Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como
quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres.
5:27 Como jaula llena de pájaros, así están sus casas
llenas de engaño; así se hicieron grandes y ricos.
5:28 Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos
del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo,
se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron.
5:29 ¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de
tal gente no se vengará mi alma?
5:30 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra;
5:31 los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían
por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué,
pues, haréis cuando llegue el fin?
Capítulo 6
El juicio contra Jerusalén y Judá
6:1 Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén, y
tocad bocina en Tecoa, y alzad por señal humo sobre Bet-haquerem;
porque del norte se ha visto mal, y quebrantamiento grande.
6:2 Destruiré a la bella y delicada hija de Sion.
6:3 Contra ella vendrán pastores y sus rebaños; junto a
ella plantarán sus tiendas alrededor; cada uno apacentará
en su lugar.
6:4 Anunciad guerra contra ella; levantaos y asaltémosla a mediodía.
¡Ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras
de la tarde se han extendido.
6:5 Levantaos y asaltemos de noche, y destruyamos sus palacios.
6:6 Porque así dijo Jehová de los ejércitos: Cortad
árboles, y levantad vallado contra Jerusalén; esta es la
ciudad que ha de ser castigada; toda ella está llena de violencia.
6:7 Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así ella nunca
cesa de manar su maldad; injusticia y robo se oyen en ella; continuamente
en mi presencia, enfermedad y herida.
6:8 Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma
de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada.
6:9 Así dijo Jehová de los ejércitos: Del todo rebuscarán
como a vid el resto de Israel; vuelve tu mano como vendimiador entre los
sarmientos.
6:10 ¿A quién hablaré y amonestaré, para que
oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden
escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa,
no la aman.
6:11 Por tanto, estoy lleno de la ira de Jehová, estoy cansado
de contenerme; la derramaré sobre los niños en la calle,
y sobre la reunión de los jóvenes igualmente; porque será
preso tanto el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy anciano.
6:12 Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y también
sus mujeres; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la
tierra, dice Jehová.
6:13 Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande,
cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos
son engañadores.
6:14 Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz;
y no hay paz.
6:15 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente
no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán
entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.
6:16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y
preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad
por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.
Mas dijeron: No andaremos.
6:17 Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad
al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.
6:18 Por tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación,
lo que sucederá.
6:19 Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto
de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron
mi ley.
6:20 ¿Para qué a mí este incienso de Sabá,
y la buena caña olorosa de tierra lejana? Vuestros holocaustos
no son aceptables, ni vuestros sacrificios me agradan.
6:21 Por tanto, Jehová dice esto: He aquí yo pongo a este
pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente;
el vecino y su compañero perecerán.
6:22 Así ha dicho Jehová: He aquí que viene pueblo
de la tierra del norte, y una nación grande se levantará
de los confines de la tierra.
6:23 Arco y jabalina empuñarán; crueles son, y no tendrán
misericordia; su estruendo brama como el mar, y montarán a caballo
como hombres dispuestos para la guerra, contra ti, oh hija de Sion.
6:24 Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron; se apoderó
de nosotros angustia, dolor como de mujer que está de parto.
6:25 No salgas al campo, ni andes por el camino; porque espada de enemigo
y temor hay por todas partes.
6:26 Hija de mi pueblo, cíñete de cilicio, y revuélcate
en ceniza; ponte luto como por hijo único, llanto de amarguras;
porque pronto vendrá sobre nosotros el destruidor.
6:27 Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre; conocerás,
pues, y examinarás el camino de ellos.
6:28 Todos ellos son rebeldes, porfiados, andan chismeando; son bronce
y hierro; todos ellos son corruptores.
6:29 Se quemó el fuelle, por el fuego se ha consumido el plomo;
en vano fundió el fundidor, pues la escoria no se ha arrancado.
6:30 Plata desechada los llamarán, porque Jehová los desechó.
Capítulo 7
Mejorad vuestros caminos y vuestras obras
7:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
7:2 Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí
esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá,
los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.
7:3 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de
Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar
en este lugar.
7:4 No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová,
templo de Jehová, templo de Jehová es este.
7:5 Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras;
si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo,
7:6 y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni
en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de
dioses ajenos para mal vuestro,
7:7 os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros
padres para siempre.
7:8 He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que
no aprovechan.
7:9 Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal,
y andando tras dioses extraños que no conocisteis,
7:10 ¿vendréis y os pondréis delante de mí
en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados
somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones?
7:11 ¿Es cueva de ladrones 
delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre?
He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
7:12 Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio,
y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.
7:13 Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas
obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin
cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis;
7:14 haré también a esta casa sobre la cual es invocado
mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a
vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo. 
7:15 Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros
hermanos, a toda la generación de Efraín.
7:16 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor
ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.
7:17 ¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de Judá
y en las calles de Jerusalén?
7:18 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego,
y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y
para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.
7:19 ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No
obran más bien ellos mismos su propia confusión?
7:20 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He
aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar,
sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo
y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán.
Castigo de la rebelión de Judá
7:21 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios,
y comed la carne.
7:22 Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé
acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué
de la tierra de Egipto.
7:23 Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré
a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad
en todo camino que os mande, para que os vaya bien.
7:24 Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus
propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron
hacia atrás y no hacia adelante,
7:25 desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de
Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos,
enviándolos desde temprano y sin cesar;
7:26 pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron
su cerviz, e hicieron peor que sus padres.
7:27 Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no
te oirán; los llamarás, y no te responderán.
7:28 Les dirás, por tanto: Esta es la nación que no escuchó
la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección;
pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.
7:29 Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las
alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación
objeto de su ira.
7:30 Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos,
dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual
fue invocado mi nombre, amancillándola.
7:31 Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en
el valle del hijo de Hinom,
para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas,
cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón.
7:32 Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho
Jehová, en que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo
de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet,
por no haber lugar.
7:33 Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de
las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá
quien las espante.
7:34 Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles
de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz
del esposo y la voz de la esposa; 
porque la tierra será desolada.
Capítulo 8
8:1 En aquel tiempo, dice Jehová, sacarán los huesos de
los reyes de Judá, y los huesos de sus príncipes, y los
huesos de los sacerdotes, y los huesos de los profetas, y los huesos de
los moradores de Jerusalén, fuera de sus sepulcros;
8:2 y los esparcirán al sol y a la luna y a todo el ejército
del cielo, a quienes amaron y a quienes sirvieron, en pos de quienes anduvieron,
a quienes preguntaron, y ante quienes se postraron. No serán recogidos
ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra.
8:3 Y escogerá la muerte antes que la vida todo el resto que quede
de esta mala generación, en todos los lugares adonde arroje yo
a los que queden, dice Jehová de los ejércitos.
8:4 Les dirás asimismo: Así ha dicho Jehová: El que
cae, ¿no se levanta? El que se desvía, ¿no vuelve
al camino?
8:5 ¿Por qué es este pueblo de Jerusalén rebelde
con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, y no han querido
volverse.
8:6 Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que
se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual
se volvió a su propia carrera, como caballo que arremete con ímpetu
a la batalla.
8:7 Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola
y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo
no conoce el juicio de Jehová.
8:8 ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley
de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado
en mentira la pluma mentirosa de los escribas.
8:9 Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; he
aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué
sabiduría tienen?
8:10 Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a quienes
los conquisten; porque desde el más pequeño hasta el más
grande cada uno sigue la avaricia; desde el profeta hasta el sacerdote
todos hacen engaño.
8:11 Y curaron la herida de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo:
Paz, paz; y no hay paz.
8:12 ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente
no se han avergonzado en lo más mínimo, ni supieron avergonzarse;
caerán, por tanto, entre los que caigan; cuando los castigue caerán,
dice Jehová.
8:13 Los cortaré del todo, dice Jehová. No quedarán
uvas en la vid, ni higos en la higuera, y se caerá la hoja; y lo
que les he dado pasará de ellos.
8:14 ¿Por qué nos estamos sentados? Reuníos, y entremos
en las ciudades fortificadas, y perezcamos allí; porque Jehová
nuestro Dios nos ha destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas de
hiel, porque pecamos contra Jehová.
8:15 Esperamos paz, y no hubo bien; día de curación, y he
aquí turbación.
8:16 Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos; al sonido de los
relinchos de sus corceles tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron
la tierra y su abundancia, a la ciudad y a los moradores de ella.
8:17 Porque he aquí que yo envío sobre vosotros serpientes,
áspides contra los cuales no hay encantamiento, y os morderán,
dice Jehová.
Lamento sobre Judá y Jerusalén
8:18 A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí.
8:19 He aquí voz del clamor de la hija de mi pueblo, que viene
de la tierra lejana: ¿No está Jehová en Sion? ¿No
está en ella su Rey? ¿Por qué me hicieron airar
con sus imágenes de talla, con vanidades ajenas?
8:20 Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos
sido salvos.
8:21 Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo;
entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado.
8:22 ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí
médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina para la
hija de mi pueblo?
Capítulo 9
9:1 ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas,
para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
9:2 ¡Oh, quién me diese en el desierto un albergue de caminantes,
para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartase! Porque todos ellos
son adúlteros, congregación de prevaricadores.
9:3 Hicieron que su lengua lanzara mentira como un arco, y no se fortalecieron
para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y me han
desconocido, dice Jehová.
9:4 Guárdese cada uno de su compañero, y en ningún
hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con falacia,
y todo compañero anda calumniando.
9:5 Y cada uno engaña a su compañero, y ninguno habla verdad;
acostumbraron su lengua a hablar mentira, se ocupan de actuar perversamente.
9:6 Su morada está en medio del engaño; por muy engañadores
no quisieron conocerme, dice Jehová.
9:7 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos:
He aquí que yo los refinaré y los probaré; porque
¿qué más he de hacer por la hija de mi pueblo?
9:8 Saeta afilada es la lengua de ellos; engaño habla; con su boca
dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas.
9:9 ¿No los he de castigar por estas cosas? dice Jehová.
De tal nación, ¿no se vengará mi alma?
9:10 Por los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto
por los pastizales del desierto; porque fueron desolados hasta no quedar
quien pase, ni oírse bramido de ganado; desde las aves del cielo
hasta las bestias de la tierra huyeron, y se fueron.
9:11 Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas,
morada de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en
desolación en que no quede morador.
Amenaza de ruina y exilio
9:12 ¿Quién es varón sabio que entienda esto?
¿y a quién habló la boca de Jehová, para
que pueda declararlo? ¿Por qué causa la tierra ha perecido,
ha sido asolada como desierto, hasta no haber quien pase?
9:13 Dijo Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de
ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella;
9:14 antes se fueron tras la imaginación de su corazón,
y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres.
9:15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré
a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel.
9:16 Y los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres
conocieron; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que los acabe.
9:17 Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad,
y llamad plañideras que vengan; buscad a las hábiles en
su oficio;
9:18 y dense prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse
nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen
en aguas.
9:19 Porque de Sion fue oída voz de endecha: ¡Cómo
hemos sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados, porque
abandonamos la tierra, porque han destruido nuestras moradas.
9:20 Oíd, pues, oh mujeres, palabra de Jehová, y vuestro
oído reciba la palabra de su boca: Enseñad endechas a
vuestras hijas, y lamentación cada una a su amiga.
9:21 Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en
nuestros palacios, para exterminar a los niños de las calles,
a los jóvenes de las plazas.
9:22 Habla: Así ha dicho Jehová: Los cuerpos de los hombres
muertos caerán como estiércol sobre la faz del campo,
y como manojo tras el segador, que no hay quien lo recoja.
El conocimiento de Dios es la gloria del hombre
9:23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría,
ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en
sus riquezas.
9:24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme
y conocerme,
que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en
la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
9:25 He aquí que vienen días, dice Jehová, en que
castigaré a todo circuncidado, y a todo incircunciso;
9:26 a Egipto y a Judá, a Edom y a los hijos de Amón y
de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón, los
que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas,
y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.
Capítulo 10
Los falsos dioses y el Dios verdadero
10:1 Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros,
oh casa de Israel.
10:2 Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las
naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque
las naciones las teman.
10:3 Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño
del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril.
10:4 Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para
que no se mueva.
10:5 Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque
no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer
mal, ni para hacer bien tienen poder.
10:6 No hay semejante a ti, oh Jehová; grande eres tú, y
grande tu nombre en poderío.
10:7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?
Porque a ti es debido el temor; porque entre todos los sabios de las naciones
y en todos sus reinos, no hay semejante a ti.
10:8 Todos se infatuarán y entontecerán. Enseñanza
de vanidades es el leño.
10:9 Traerán plata batida de Tarsis y oro de Ufaz, obra del artífice,
y de manos del fundidor; los vestirán de azul y de púrpura,
obra de peritos es todo.
10:10 Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y
Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir
su indignación.
10:11 Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos
ni la tierra, desaparezcan de la tierra y de debajo de los cielos.
10:12 El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo
con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría;
10:13 a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir
las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con
la lluvia, y saca el viento de sus depósitos.
10:14 Todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza
de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición,
y no hay espíritu en ella.
10:15 Vanidad son, obra vana; al tiempo de su castigo perecerán.
10:16 No es así la porción de Jacob; porque él es
el Hacedor de todo, e Israel es la vara de su heredad; Jehová de
los ejércitos es su nombre.
Asolamiento de Judá
10:17 Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en
lugar fortificado.
10:18 Porque así ha dicho Jehová: He aquí que esta
vez arrojaré con honda los moradores de la tierra, y los afligiré,
para que lo sientan.
10:19 ¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy
dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo
sufrirla.
10:20 Mi tienda está destruida, y todas mis cuerdas están
rotas; mis hijos me han abandonado y perecieron; no hay ya más
quien levante mi tienda, ni quien cuelgue mis cortinas.
10:21 Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová;
por tanto, no prosperaron, y todo su ganado se esparció.
10:22 He aquí que voz de rumor viene, y alboroto grande de la
tierra del norte, para convertir en soledad todas las ciudades de Judá,
en morada de chacales.
10:23 Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de
su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.
10:24 Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu
furor, para que no me aniquiles.
10:25 Derrama tu enojo sobre los pueblos que no te conocen, y sobre
las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron a Jacob, lo
devoraron, le han consumido, y han asolado su morada.
Capítulo 11
El pacto violado
11:1 Palabra que vino de Jehová a Jeremías, diciendo:
11:2 Oíd las palabras de este pacto, y hablad a todo varón
de Judá, y a todo morador de Jerusalén.
11:3 Y les dirás tú: Así dijo Jehová Dios
de Israel: Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este
pacto,
11:4 el cual mandé a vuestros padres el día que los saqué
de la tierra de Egipto, del horno de hierro, diciéndoles: Oíd
mi voz, y cumplid mis palabras, conforme a todo lo que os mando; y me
seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios;
11:5 para que confirme el juramento que hice a vuestros padres, que les
daría la tierra que fluye leche y miel, como en este día.
Y respondí y dije: Amén, oh Jehová.
11:6 Y Jehová me dijo: Pregona todas estas palabras en las ciudades
de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: Oíd
las palabras de este pacto, y ponedlas por obra.
11:7 Porque solemnemente protesté a vuestros padres el día
que les hice subir de la tierra de Egipto, amonestándoles desde
temprano y sin cesar hasta el día de hoy, diciendo: Oíd
mi voz.
11:8 Pero no oyeron, ni inclinaron su oído, antes se fueron cada
uno tras la imaginación de su malvado corazón; por tanto,
traeré sobre ellos todas las palabras de este pacto, el cual mandé
que cumpliesen, y no lo cumplieron.
11:9 Y me dijo Jehová: Conspiración se ha hallado entre
los varones de Judá, y entre los moradores de Jerusalén.
11:10 Se han vuelto a las maldades de sus primeros padres, los cuales
no quisieron escuchar mis palabras, y se fueron tras dioses ajenos para
servirles; la casa de Israel y la casa de Judá invalidaron mi pacto,
el cual había yo concertado con sus padres.
11:11 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo
traigo sobre ellos mal del que no podrán salir; y clamarán
a mí, y no los oiré.
11:12 E irán las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén,
y clamarán a los dioses a quienes queman ellos incienso, los cuales
no los podrán salvar en el tiempo de su mal.
11:13 Porque según el número de tus ciudades fueron tus
dioses, oh Judá; y según el número de tus calles,
oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer
incienso a Baal.
11:14 Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos
clamor ni oración; porque yo no oiré en el día que
en su aflicción clamen a mí.
11:15 ¿Qué derecho tiene mi amada en mi casa, habiendo hecho
muchas abominaciones? ¿Crees que los sacrificios y las carnes santificadas
de las víctimas pueden evitarte el castigo? ¿Puedes gloriarte
de eso?
11:16 Olivo verde, hermoso en su fruto y en su parecer, llamó Jehová
tu nombre. A la voz de recio estrépito hizo encender fuego sobre
él, y quebraron sus ramas.
11:17 Porque Jehová de los ejércitos que te plantó
ha pronunciado mal contra ti, a causa de la maldad que la casa de Israel
y la casa de Judá han hecho, provocándome a ira con incensar
a Baal.
Complot contra Jeremías
11:18 Y Jehová me lo hizo saber, y lo conocí; entonces
me hiciste ver sus obras.
11:19 Y yo era como cordero inocente que llevan a degollar, pues no
entendía que maquinaban designios contra mí, diciendo:
Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la
tierra de los vivientes, para que no haya más memoria de su nombre.
11:20 Pero, oh Jehová de los ejércitos, que juzgas con
justicia, que escudriñas la mente y el corazón, vea yo
tu venganza de ellos; porque ante ti he expuesto mi causa.
11:21 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de los varones
de Anatot que buscan tu vida, diciendo: No profetices en nombre de Jehová,
para que no mueras a nuestras manos;
11:22 así, pues, ha dicho Jehová de los ejércitos:
He aquí que yo los castigaré; los jóvenes morirán
a espada, sus hijos y sus hijas morirán de hambre,
11:23 y no quedará remanente de ellos, pues yo traeré
mal sobre los varones de Anatot, el año de su castigo.
Capítulo 12
Queja de Jeremías y respuesta de Dios
12:1 Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo;
sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es
prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que
se portan deslealmente?
12:2 Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto;
cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones.
12:3 Pero tú, oh Jehová, me conoces; me viste, y probaste
mi corazón para contigo; arrebátalos como a ovejas para
el degolladero, y señálalos para el día de la matanza.
12:4 ¿Hasta cuándo estará desierta la tierra, y marchita
la hierba de todo el campo? Por la maldad de los que en ella moran, faltaron
los ganados y las aves; porque dijeron: No verá Dios nuestro fin.
12:5 Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo
contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas
seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?
12:6 Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron
contra ti, aun ellos dieron grito en pos de ti. No los creas cuando bien
te hablen.
12:7 He dejado mi casa, desamparé mi heredad, he entregado lo que
amaba mi alma en mano de sus enemigos.
12:8 Mi heredad fue para mí como león en la selva; contra
mí dio su rugido; por tanto, la aborrecí.
12:9 ¿Es mi heredad para mí como ave de rapiña de
muchos colores? ¿No están contra ella aves de rapiña
en derredor? Venid, reuníos, vosotras todas las fieras del campo,
venid a devorarla.
12:10 Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad,
convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa.
12:11 Fue puesta en asolamiento, y lloró sobre mí desolada;
fue asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que reflexionase.
12:12 Sobre todas las alturas del desierto vinieron destruidores; porque
la espada de Jehová devorará desde un extremo de la tierra
hasta el otro; no habrá paz para ninguna carne.
12:13 Sembraron trigo, y segaron espinos; tuvieron la heredad, mas no
aprovecharon nada; se avergonzarán de sus frutos, a causa de la
ardiente ira de Jehová.
12:14 Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que
tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que
yo los arrancaré de su tierra, y arrancaré de en medio de
ellos a la casa de Judá.
12:15 Y después que los haya arrancado, volveré y tendré
misericordia de ellos, y los haré volver cada uno a su heredad
y cada cual a su tierra.
12:16 Y si cuidadosamente aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar
en mi nombre, diciendo: Vive Jehová, así como enseñaron
a mi pueblo a jurar por Baal, ellos serán prosperados en medio
de mi pueblo.
12:17 Mas si no oyeren, arrancaré esa nación, sacándola
de raíz y destruyéndola, dice Jehová.
Capítulo 13
La señal del cinto podrido
13:1 Así me dijo Jehová: Ve y cómprate un cinto de
lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo metas en agua.
13:2 Y compré el cinto conforme a la palabra de Jehová,
y lo puse sobre mis lomos.
13:3 Vino a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo:
13:4 Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate
y vete al Eufrates, y escóndelo allá en la hendidura de
una peña.
13:5 Fui, pues, y lo escondí junto al Eufrates, como Jehová
me mandó.
13:6 Y sucedió que después de muchos días me dijo
Jehová: Levántate y vete al Eufrates, y toma de allí
el cinto que te mandé esconder allá.
13:7 Entonces fui al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del
lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se
había podrido; para ninguna cosa era bueno.
13:8 Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
13:9 Así ha dicho Jehová: Así haré podrir
la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalén.
13:10 Este pueblo malo, que no quiere oír mis palabras, que anda
en las imaginaciones de su corazón, y que va en pos de dioses ajenos
para servirles, y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como
este cinto, que para ninguna cosa es bueno.
13:11 Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así
hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá,
dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, por alabanza
y por honra; pero no escucharon.
La señal de las tinajas llenas
13:12 Les dirás, pues, esta palabra: Así ha dicho Jehová,
Dios de Israel: Toda tinaja se llenará de vino. Y ellos te dirán:
¿No sabemos que toda tinaja se llenará de vino?
13:13 Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová:
He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores de esta
tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su
trono, a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén;
13:14 y los quebrantaré el uno contra el otro, los padres con
los hijos igualmente, dice Jehová; no perdonaré, ni tendré
piedad ni misericordia, para no destruirlos.
Judá será llevada en cautiverio
13:15 Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová
ha hablado.
13:16 Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir
tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad,
y esperéis luz, y os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas.
13:17 Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa
de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos
en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho
cautivo.
13:18 Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra; porque la
corona de vuestra gloria ha caído de vuestras cabezas.
13:19 Las ciudades del Neguev fueron cerradas, y no hubo quien las abriese;
toda Judá fue transportada, llevada en cautiverio fue toda ella.
13:20 Alzad vuestros ojos, y ved a los que vienen del norte. ¿Dónde
está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?
13:21 ¿Qué dirás cuando él ponga como cabeza
sobre ti a aquellos a quienes tú enseñaste a ser tus amigos?
¿No te darán dolores como de mujer que está de
parto?
13:22 Si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha
sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas
tus faldas, fueron desnudados tus calcañares.
13:23 ¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo
sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros
hacer bien, estando habituados a hacer mal?
13:24 Por tanto, yo los esparciré al viento del desierto, como
tamo que pasa.
13:25 Esta es tu suerte, la porción que yo he medido para ti,
dice Jehová, porque te olvidaste de mí y confiaste en
la mentira.
13:26 Yo, pues, descubriré también tus faldas delante
de tu rostro, y se manifestará tu ignominia,
13:27 tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación
sobre los collados; en el campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti,
Jerusalén! ¿No serás al fin limpia? ¿Cuánto
tardarás tú en purificarte?
Capítulo 14
Mensaje con motivo de la sequía
14:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, con motivo de
la sequía.
14:2 Se enlutó Judá, y sus puertas se despoblaron; se sentaron
tristes en tierra, y subió el clamor de Jerusalén.
14:3 Los nobles enviaron sus criados al agua; vinieron a las lagunas,
y no hallaron agua; volvieron con sus vasijas vacías; se avergonzaron,
se confundieron, y cubrieron sus cabezas.
14:4 Porque se resquebrajó la tierra por no haber llovido en el
país, están confusos los labradores, cubrieron sus cabezas.
14:5 Aun las ciervas en los campos parían y dejaban la cría,
porque no había hierba.
14:6 Y los asnos monteses se ponían en las alturas, aspiraban el
viento como chacales; sus ojos se ofuscaron porque no había hierba.
14:7 Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová,
actúa por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han
multiplicado, contra ti hemos pecado.
14:8 Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción,
¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como
caminante que se retira para pasar la noche?
14:9 ¿Por qué eres como hombre atónito, y como valiente
que no puede librar? Sin embargo, tú estás entre nosotros,
oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares.
14:10 Así ha dicho Jehová acerca de este pueblo: Se deleitaron
en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová no se
agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará
sus pecados.
14:11 Me dijo Jehová: No ruegues por este pueblo para bien.
14:12 Cuando ayunen, yo no oiré su clamor, y cuando ofrezcan holocausto
y ofrenda no lo aceptaré, sino que los consumiré con espada,
con hambre y con pestilencia.
14:13 Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He
aquí que los profetas les dicen: No veréis espada, ni habrá
hambre entre vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera.
14:14 Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas
en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé;
visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de
su corazón os profetizan.
14:15 Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas
que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen:
Ni espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre
serán consumidos esos profetas.
14:16 Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles
de Jerusalén por hambre y por espada, y no habrá quien los
entierre a ellos, a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas; y sobre ellos
derramaré su maldad.
14:17 Les dirás, pues, esta palabra: Derramen mis ojos lágrimas
noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada
la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy dolorosa.
14:18 Si salgo al campo, he aquí muertos a espada; y si entro en
la ciudad, he aquí enfermos de hambre; porque tanto el profeta
como el sacerdote anduvieron vagando en la tierra, y no entendieron.
14:19 ¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido
tu alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que haya
remedio? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación, y he
aquí turbación.
14:20 Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de
nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.
14:21 Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu glorioso
trono; acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros.
14:22 ¿Hay entre los ídolos de las naciones quien haga llover?
¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú,
Jehová, nuestro Dios? En ti, pues, esperamos, pues tú hiciste
todas estas cosas.
Capítulo 15
La implacable ira de Dios contra Judá
15:1 Me dijo Jehová: Si Moisés
y Samuel
se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad con este
pueblo; échalos de mi presencia, y salgan.
15:2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás:
Así ha dicho Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a
espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a
cautiverio.
15:3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice
Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del
cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.
15:4 Y los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra,
a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá,
por lo que hizo en Jerusalén.
15:5 Porque ¿quién tendrá compasión de ti,
oh Jerusalén? ¿Quién se entristecerá por tu
causa, o quién vendrá a preguntar por tu paz?
15:6 Tú me dejaste, dice Jehová; te volviste atrás;
por tanto, yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré;
estoy cansado de arrepentirme.
15:7 Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de la tierra,
y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se volvieron
de sus caminos.
15:8 Sus viudas se me multiplicaron más que la arena del mar; traje
contra ellos destruidor a mediodía sobre la madre y sobre los hijos;
hice que de repente cayesen terrores sobre la ciudad.
15:9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó de dolor
su alma, su sol se puso siendo aún de día; fue avergonzada
y llena de confusión; y lo que de ella quede, lo entregaré
a la espada delante de sus enemigos, dice Jehová.
15:10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre
de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado
ni tomado en préstamo, y todos me maldicen.
15:11 ¡Sea así, oh Jehová, si no te he rogado por
su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de
aflicción y en época de angustia!
15:12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte y el
bronce?
15:13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin
ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio.
15:14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces;
porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros.
Jehová reanima a Jeremías
15:15 Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí,
y visítame, y véngame de mis enemigos. No me reproches
en la prolongación de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro
afrenta.
15:16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra
me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu
nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los
ejércitos.
15:17 No me senté en compañía de burladores, ni
me engreí a causa de tu profecía; me senté solo,
porque me llenaste de indignación.
15:18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada
no admitió curación? ¿Serás para mí
como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?
15:19 Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres,
yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si
entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse
ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
15:20 Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce,
y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy
contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.
15:21 Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré
de la mano de los fuertes.
Capítulo 16
Juicio de Jehová contra Judá
16:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
16:2 No tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas
en este lugar.
16:3 Porque así ha dicho Jehová acerca de los hijos y de
las hijas que nazcan en este lugar, de sus madres que los den a luz y
de los padres que los engendren en esta tierra:
16:4 De dolorosas enfermedades morirán; no serán plañidos
ni enterrados; serán como estiércol sobre la faz de la tierra;
con espada y con hambre serán consumidos, y sus cuerpos servirán
de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
16:5 Porque así ha dicho Jehová: No entres en casa de luto,
ni vayas a lamentar, ni los consueles; porque yo he quitado mi paz de
este pueblo, dice Jehová, mi misericordia y mis piedades.
16:6 Morirán en esta tierra grandes y pequeños; no se enterrarán,
ni los plañirán, ni se rasgarán ni se raerán
los cabellos por ellos;
16:7 ni partirán pan por ellos en el luto para consolarlos de sus
muertos; ni les darán a beber vaso de consolaciones por su padre
o por su madre.
16:8 Asimismo no entres en casa de banquete, para sentarte con ellos a
comer o a beber.
16:9 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos,
Dios de Israel: He aquí que yo haré cesar en este lugar,
delante de vuestros ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y
toda voz de alegría, y toda voz de esposo y toda voz de esposa.  
16:10 Y acontecerá que cuando anuncies a este pueblo todas estas
cosas, te dirán ellos: ¿Por qué anuncia Jehová
contra nosotros todo este mal tan grande? ¿Qué maldad es
la nuestra, o qué pecado es el nuestro, que hemos cometido contra
Jehová nuestro Dios?
16:11 Entonces les dirás: Porque vuestros padres me dejaron, dice
Jehová, y anduvieron en pos de dioses ajenos, y los sirvieron,
y ante ellos se postraron, y me dejaron a mí y no guardaron mi
ley;
16:12 y vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; porque
he aquí que vosotros camináis cada uno tras la imaginación
de su malvado corazón, no oyéndome a mí.
16:13 Por tanto, yo os arrojaré de esta tierra a una tierra que
ni vosotros ni vuestros padres habéis conocido, y allá serviréis
a dioses ajenos de día y de noche; porque no os mostraré
clemencia.
16:14 No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová,
en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir
a los hijos de Israel de tierra de Egipto;
16:15 sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de
la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado;
y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres.
16:16 He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová,
y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores,
y los cazarán por todo monte y por todo collado, y por las cavernas
de los peñascos.
16:17 Porque mis ojos están sobre todos sus caminos, los cuales
no se me ocultaron, ni su maldad se esconde de la presencia de mis ojos.
16:18 Pero primero pagaré al doble su iniquidad y su pecado; porque
contaminaron mi tierra con los cadáveres de sus ídolos,
y de sus abominaciones llenaron mi heredad.
16:19 Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio
mío en el tiempo de la aflicción, a ti vendrán naciones
desde los extremos de la tierra, y dirán: Ciertamente mentira poseyeron
nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho.
16:20 ¿Hará acaso el hombre dioses para sí? Mas ellos
no son dioses.
16:21 Por tanto, he aquí les enseñaré esta vez, les
haré conocer mi mano y mi poder, y sabrán que mi nombre
es Jehová.
Capítulo 17
El pecado escrito en el corazón de Judá
17:1 El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro
y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón,
y en los cuernos de sus altares,
17:2 mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imágenes
de Asera, que están junto a los árboles frondosos y en los
collados altos,
17:3 sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros entregaré
al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio.
17:4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir
a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis
encendido en mi furor, que para siempre arderá.
17:5 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía
en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta
de Jehová.
17:6 Será como la retama en el desierto, y no verá cuando
viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto,
en tierra despoblada y deshabitada.
17:7 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya
confianza es Jehová.
17:8 Porque será como el árbol plantado junto a las aguas,
que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá
cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año
de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.
17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas,
y perverso; ¿quién lo conocerá?
17:10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón,
para dar a cada uno según su camino,
según el fruto de sus obras.
17:11 Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que injustamente
amontona riquezas; en la mitad de sus días las dejará, y
en su postrimería será insensato.
17:12 Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro
santuario.
17:13 ¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan
serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán
escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas
vivas.
17:14 Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame,
y seré salvo; porque tú eres mi alabanza.
17:15 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está
la palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora!
17:16 Mas yo no he ido en pos de ti para incitarte a su castigo, ni deseé
día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha salido,
fue en tu presencia.
17:17 No me seas tú por espanto, pues mi refugio eres tú
en el día malo.
17:18 Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence
yo; asómbrense ellos, y yo no me asombre; trae sobre ellos día
malo, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
Observancia del día de reposo
17:19 Así me ha dicho Jehová: Ve y ponte a la puerta
de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá,
y ponte en todas las puertas de Jerusalén,
17:20 y diles: Oíd la palabra de Jehová, reyes de Judá,
y todo Judá y todos los moradores de Jerusalén que entráis
por estas puertas.
17:21 Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestra vida de
llevar carga en el día de reposo, y de meterla por las puertas
de Jerusalén.
17:22 Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de
reposo, ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el día
de reposo, como mandé a vuestros padres.
17:23 Pero ellos no oyeron, ni inclinaron su oído, sino endurecieron
su cerviz para no oír, ni recibir corrección.
17:24 No obstante, si vosotros me obedeciereis, dice Jehová,
no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en el día de
reposo, sino que santificareis el día de reposo, no haciendo
en él ningún trabajo,
17:25 entrarán por las puertas de esta ciudad, en carros y en
caballos, los reyes y los príncipes que se sientan sobre el trono
de David, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y
los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada
para siempre.
17:26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los alrededores
de Jerusalén, de tierra de Benjamín, de la Sefela, de
los montes y del Neguev, trayendo holocausto y sacrificio, y ofrenda
e incienso, y trayendo sacrificio de alabanza a la casa de Jehová.
17:27 Pero si no me oyereis para santificar el día de reposo,
y para no traer carga ni meterla por las puertas de Jerusalén
en día de reposo, yo haré descender fuego en sus puertas,
y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.
Capítulo 18
La señal del alfarero y el barro
18:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
18:2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré
oír mis palabras.
18:3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él
trabajaba sobre la rueda.
18:4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a
perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según
le pareció mejor hacerla.
18:5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
18:6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero,
oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro
en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa
de Israel.
18:7 En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para
arrancar, y derribar, y destruir.
18:8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual
hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado
hacerles,
18:9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar
y para plantar.
18:10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me
arrepentiré del bien que había determinado hacerle.
18:11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores
de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí
que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios;
conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos
y sus obras.
18:12 Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos,
y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
18:13 Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las
naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha
hecho la virgen de Israel.
18:14 ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del
campo? ¿Faltarán las aguas frías que corren de lejanas
tierras?
18:15 Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es vanidad,
y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para que camine
por sendas y no por camino transitado,
18:16 para poner su tierra en desolación, objeto de burla perpetua;
todo aquel que pasare por ella se asombrará, y meneará la
cabeza.
18:17 Como viento solano los esparciré delante del enemigo; les
mostraré las espaldas y no el rostro, en el día de su perdición.
Conspiración del pueblo y oración de Jeremías
18:18 Y dijeron: Venid y maquinemos contra Jeremías; porque
la ley no faltará al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la
palabra al profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no atendamos
a ninguna de sus palabras.
18:19 Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que
contienden conmigo.
18:20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma?
Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos,
para apartar de ellos tu ira.
18:21 Por tanto, entrega sus hijos a hambre, dispérsalos por
medio de la espada, y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y sus
maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos a espada
en la guerra.
18:22 Oigase clamor de sus casas, cuando traigas sobre ellos ejército
de repente; porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han escondido
lazos.
18:23 Pero tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra
mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de
delante de tu rostro; y tropiecen delante de ti; haz así con
ellos en el tiempo de tu enojo.
Capítulo 19
La señal de la vasija rota
19:1 Así dijo Jehová: Ve y compra una vasija de barro del
alfarero, y lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos
de los sacerdotes;
19:2 y saldrás al valle del hijo de Hinom, 
que está a la entrada de la puerta oriental, y proclamarás
allí las palabras que yo te hablaré.
19:3 Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes
de Judá, y moradores de Jerusalén. Así dice Jehová
de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo
mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan
los oídos.
19:4 Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él
incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos,
ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre
de inocentes.
19:5 Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos
en holocaustos al mismo Baal;
cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.
19:6 Por tanto, he aquí vienen días, dice Jehová,
que este lugar no se llamará más Tofet, ni valle del hijo
de Hinom, sino Valle de la Matanza.
19:7 Y desvaneceré el consejo de Judá y de Jerusalén
en este lugar, y les haré caer a espada delante de sus enemigos,
y en las manos de los que buscan sus vidas; y daré sus cuerpos
para comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.
19:8 Pondré a esta ciudad por espanto y burla; todo aquel que pasare
por ella se asombrará, y se burlará sobre toda su destrucción.
19:9 Y les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas,
y cada uno comerá la carne de su amigo, en el asedio y en el apuro
con que los estrecharán sus enemigos y los que buscan sus vidas.
19:10 Entonces quebrarás la vasija ante los ojos de los varones
que van contigo,
19:11 y les dirás: Así ha dicho Jehová de los ejércitos:
Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien
quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar más; y en
Tofet se enterrarán, porque no habrá otro lugar para enterrar.
19:12 Así haré a este lugar, dice Jehová, y a sus
moradores, poniendo esta ciudad como Tofet.
19:13 Las casas de Jerusalén, y las casas de los reyes de Judá,
serán como el lugar de Tofet, inmundas, por todas las casas sobre
cuyos tejados ofrecieron incienso a todo el ejército del cielo,
y vertieron libaciones a dioses ajenos.
19:14 Y volvió Jeremías de Tofet, adonde le envió
Jehová a profetizar, y se paró en el atrio de la casa de
Jehová y dijo a todo el pueblo:
19:15 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios
de Israel: He aquí, yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus
villas todo el mal que hablé contra ella; porque han endurecido
su cerviz para no oír mis palabras.
Capítulo 20
Profecía contra Pasur
20:1 El sacerdote Pasur hijo de Imer, que presidía como príncipe
en la casa de Jehová, oyó a Jeremías que profetizaba
estas palabras.
20:2 Y azotó Pasur al profeta Jeremías, y lo puso en el
cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín, la cual conducía
a la casa de Jehová.
20:3 Y el día siguiente Pasur sacó a Jeremías del
cepo. Le dijo entonces Jeremías: Jehová no ha llamado tu
nombre Pasur, sino Magor-misabib.
20:4 Porque así ha dicho Jehová: He aquí, haré
que seas un terror a ti mismo y a todos los que bien te quieren, y caerán
por la espada de sus enemigos, y tus ojos lo verán; y a todo Judá
entregaré en manos del rey de Babilonia, y los llevará cautivos
a Babilonia, y los matará a espada.
20:5 Entregaré asimismo toda la riqueza de esta ciudad, todo su
trabajo y todas sus cosas preciosas; y daré todos los tesoros de
los reyes de Judá en manos de sus enemigos, y los saquearán,
y los tomarán y los llevarán a Babilonia.
20:6 Y tú, Pasur, y todos los moradores de tu casa iréis
cautivos; entrarás en Babilonia, y allí morirás,
y allí serás enterrado tú, y todos los que bien te
quieren, a los cuales has profetizado con mentira.
Lamento de Jeremías
20:7 Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte
fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada
cual se burla de mí.
20:8 Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción;
porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio
cada día.
20:9 Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré
más en su nombre; no obstante, había en mi corazón
como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo,
y no pude.
20:10 Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas
partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si
claudicaría. Quizá se engañará, decían,
y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra
venganza.
20:11 Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por
tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán;
serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán;
tendrán perpetua confusión que jamás será
olvidada.
20:12 Oh Jehová de los ejércitos, que pruebas a los justos,
que ves los pensamientos y el corazón, vea yo tu venganza de
ellos; porque a ti he encomendado mi causa.
20:13 Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado
el alma del pobre de mano de los malignos.
20:14 Maldito el día en que nací;
el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.
20:15 Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón
te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho.
20:16 Y sea el tal hombre como las ciudades que asoló Jehová,
y no se arrepintió; oiga gritos de mañana, y voces a mediodía,
20:17 porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera
sido mi sepulcro, y su vientre embarazado para siempre.
20:18 ¿Para qué salí del vientre? ¿Para
ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?
Capítulo 21
Jerusalén será destruida
21:1 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, cuando el rey
Sedequías envió a él a Pasur hijo de Malquías
y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que le dijesen:
21:2 Consulta ahora acerca de nosotros a Jehová, porque Nabucodonosor
rey de Babilonia hace guerra contra nosotros;
quizá Jehová hará con nosotros según todas
sus maravillas, y aquél se irá de sobre nosotros.
21:3 Y Jeremías les dijo: Diréis así a Sedequías:
21:4 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: He aquí
yo vuelvo atrás las armas de guerra que están en vuestras
manos, con que vosotros peleáis contra el rey de Babilonia; y a
los caldeos que están fuera de la muralla y os tienen sitiados,
yo los reuniré en medio de esta ciudad.
21:5 Pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo fuerte,
con furor y enojo e ira grande.
21:6 Y heriré a los moradores de esta ciudad, y los hombres y las
bestias morirán de pestilencia grande.
21:7 Después, dice Jehová, entregaré a Sedequías
rey de Judá, a sus criados, al pueblo y a los que queden de la
pestilencia, de la espada y del hambre en la ciudad, en mano de Nabucodonosor
rey de Babilonia, en mano de sus enemigos y de los que buscan sus vidas,
y él los herirá a filo de espada; no los perdonará,
ni tendrá compasión de ellos, ni tendrá de ellos
misericordia.
21:8 Y a este pueblo dirás: Así ha dicho Jehová:
He aquí pongo delante de vosotros camino de vida y camino de muerte.
21:9 El que quedare en esta ciudad morirá a espada, de hambre o
de pestilencia; mas el que saliere y se pasare a los caldeos que os tienen
sitiados, vivirá, y su vida le será por despojo.
21:10 Porque mi rostro he puesto contra esta ciudad para mal, y no para
bien, dice Jehová; en mano del rey de Babilonia será entregada,
y la quemará a fuego.
21:11 Y a la casa del rey de Judá dirás: Oíd palabra
de Jehová:
21:12 Casa de David, así dijo Jehová: Haced de mañana
juicio, y librad al oprimido de mano del opresor, para que mi ira no salga
como fuego, y se encienda y no haya quien lo apague, por la maldad de
vuestras obras.
21:13 He aquí yo estoy contra ti, moradora del valle, y de la piedra
de la llanura, dice Jehová; los que decís: ¿Quién
subirá contra nosotros, y quién entrará en nuestras
moradas?
21:14 Yo os castigaré conforme al fruto de vuestras obras, dice
Jehová, y haré encender fuego en su bosque, y consumirá
todo lo que está alrededor de él.
Capítulo 22
Profecías contra los reyes de Judá
22:1 Así dijo Jehová: Desciende a la casa del rey de Judá,
y habla allí esta palabra,
22:2 y di: Oye palabra de Jehová, oh rey de Judá que estás
sentado sobre el trono de David, tú, y tus siervos, y tu pueblo
que entra por estas puertas.
22:3 Así ha dicho Jehová: Haced juicio y justicia, y librad
al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis
al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda, ni derraméis
sangre inocente en este lugar.
22:4 Porque si efectivamente obedeciereis esta palabra, los reyes que
en lugar de David se sientan sobre su trono, entrarán montados
en carros y en caballos por las puertas de esta casa; ellos, y sus criados
y su pueblo.
22:5 Mas si no oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado,
dice Jehová, que esta casa será desierta.
22:6 Porque así ha dicho Jehová acerca de la casa del rey
de Judá: Como Galaad eres tú para mí, y como la cima
del Líbano; sin embargo, te convertiré en soledad, y como
ciudades deshabitadas.
22:7 Prepararé contra ti destruidores, cada uno con sus armas,
y cortarán tus cedros escogidos y los echarán en el fuego.
22:8 Y muchas gentes pasarán junto a esta ciudad, y dirán
cada uno a su compañero: ¿Por qué hizo así
Jehová con esta gran ciudad?
22:9 Y se les responderá: Porque dejaron el pacto de Jehová
su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron.
22:10 No lloréis al muerto, ni de él os condoláis;
llorad amargamente por el que se va, porque no volverá jamás,
ni verá la tierra donde nació.
22:11 Porque así ha dicho Jehová acerca de Salum
hijo de Josías, rey de Judá, el cual reinó en lugar
de Josías su padre, y que salió de este lugar: No volverá
más aquí,
22:12 sino que morirá en el lugar adonde lo llevaron cautivo, y
no verá más esta tierra.
22:13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin
equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole
el salario de su trabajo!
22:14 Que dice: Edificaré para mí casa espaciosa, y salas
airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón.
22:15 ¿Reinarás, porque te rodeas de cedro? ¿No comió
y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien?
22:16 El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces
estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová.
22:17 Mas tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y
para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio.
22:18 Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim
hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo:
¡Ay, hermano mío! y ¡Ay, hermana! ni lo lamentarán,
diciendo: ¡Ay, señor! ¡Ay, su grandeza!
22:19 En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole
y echándole fuera de las puertas de Jerusalén.
22:20 Sube al Líbano y clama, y en Basán da tu voz, y grita
hacia todas partes; porque todos tus enamorados son destruid |