Temario:
-
Introducción.
-
El
día en que Jesús nació.
-
Una
mezcla de tradiciones:
-
La
comida.
-
El
famoso árbol de Navidad.
-
La
mesa compartida.
-
Los
villancicos.
-
La
figura de papá Noel.
-
Reflexión
final.
Introducción:
Esta
forma de entender una fecha tan especial no es una casualidad.
¡Cuántos
recuerdos se agolpan en nuestras mentes cuando recordamos las reuniones
navideñas; en especial las de nuestra niñez!
A
pesar de los años que se nos cayeron encima, todavía podemos sentir
el recuerdo de la inigualable ilusión de la llegada de “papá Noel”
y su inagotable bolsa de regalos.
En
este espacio podrás volcar tu “bolsa de recuerdos” y sin duda alguna
sentirás emociones de todo tipo.
El
objetivo del trabajo de hoy es arrojar un poco de luz sobre ciertos
aspectos que rodean a la Navidad, e intentar poner en nuestros corazones
un poco más del verdadero sentido que debe tener.
Ruego
a Dios te bendiga en abundancia y resplandezca Su luz admirable sobre
ti.

El
día en que Jesús nació:
Acerca
del día del nacimiento de nuestro Salvador mucho se ha escrito, y
son variadas las conclusiones. No pretendo aquí entrar de lleno en
ese estudio, aunque recuerdo que en trabajo anterior pudimos concluir
que nuestro Señor nació un once de septiembre y no un veinticuatro
de diciembre, tal como la tradición nos lo enseña.
Eruditos
bíblicos han destacado que el Mesías habría nacido en el otoño del
hemisferio norte. En esa época del año sí es posible que los pastores
hayan estado durmiendo a la intemperie, cosa que no pudo haber ocurrido
en el crudo invierno de fines de diciembre, cuando habitualmente nieva
en Palestina.
Si
leemos atentamente la historia de la iglesia del primer siglo, veremos
que nuestros antiguos hermanos no festejaban la Navidad.
Según
la licenciada Lucía Solís Tolosa, en el siglo IV, San Cirilo, Obispo
de Jerusalén, fijó esta fecha para “cristianizar”, intentando con
ello dar a un acontecimiento pagano una carga de espiritualidad religiosa.
Me refiero a que este obispo intentaba hacer olvidar la fiesta pagana
de las “Saturnales”, la “Natalia Invicta” o “Fiesta del Sol”.
Esta
fiesta conmemoraba el resurgimiento del sol después del solsticio
de invierno, cuando el astro llega a su punto más bajo en el horizonte
y después comienza nuevamente a ascender (cosa que podemos ver en
nuestro hemisferio sur a fin de junio).
La
“Fiesta del Sol” era ampliamente famosa y muchos pueblos de la antigüedad
la celebraban con verdadera alegría. Fue por ello que el obispo trató
de capitalizar la oportunidad para que el nacimiento de Jesús entroncara
con esta fiesta pagana muy antigua del renacimiento anual del sol.
Esto le da gran parte del carácter universal que tiene hoy la Navidad,
y explica también que en la celebración navideña estén incorporadas
muchas tradiciones, algunas de origen tal ancestral que apenas se
comprenden, y que nada tienen que ver con el acontecimiento religioso.
En
efecto, al extenderse, el cristianismo fue sumando los aportes de
cada cultura y luego trasladándolos de un sitio a otro. Estimo que
esta forma de incorporar y mezclar costumbres de cada cultura fue
un imponderable al que tuvieron que enfrentarse los líderes religiosos
de aquellos tiempos, y evaluar su conveniencia. A juzgar por el resultado
al que se llega en nuestros tiempos, hubiera sido mejor intentar remarcar
más los méritos de Jesús como nuestro único camino al Reino de Dios.
Pero
como mi objetivo no es marcar errores y aciertos, sino buscar explicación
a las situaciones cotidianas, prefiero continuar con la búsqueda de
respuestas.
Más
tarde, sobre todo desde hace un siglo aproximadamente, surgieron nuevas
costumbres propuestas por los comerciantes, y aquí es donde lo pagano
toma lamentablemente más trascendencia que lo espiritual. Así es como
hoy estamos familiarizados y practicamos muchos gestos cuyo origen
no conocemos, pero que en conjunto forman una especie de ritual festivo
y conmovedor del que resulta casi imposible marginarse.
Los
medios de comunicación saturan nuestra mente durante los días navideños
con mensajes comerciales, destinados sobre todo a persuadir a las
personas a comprar regalos y alimentos especiales para la fecha. Y
ninguno de ellos pretende glorificar a Dios con ello, sino que lo
hacen sin aludir al significado de la celebración, por lo cual sólo
queda la cáscara brillante y ruidosa de una fiesta que tiene un sentido
mucho más profundo, o al menos debiera tenerlo.
Existe
un riesgo cierto de desgastar y hasta de perder, con el tiempo, ese
sentido espiritual, y quedarnos con lo externo que muchas veces, es
ajeno y hasta contradictorio con el espíritu cristiano de la Navidad.
El
espíritu “cristiano” de la Navidad: ¿Estaremos a tiempo de rescatarlo
todavía? Creemos que sí.
Pero
en rigor de verdad, debiéramos hacer de vez en cuando un sincero repaso
de lo que sabemos acerca del espíritu cristiano navideño. Y estimo
que una excelente oportunidad es en estos días previos a la fiesta
anual.
Una
mezcla de tradiciones:
La
comida:
Uno
de los signos más notables de la amalgama de tradiciones es que en
el hemisferio sur conservamos muchas costumbres que nuestros antepasados
trajeron consigo y que tienen que ver con su lugar de origen, la mayoría
de ellos procedentes de los rigurosos inviernos de los países del
hemisferio norte.
Todos
los sudamericanos sabemos muy bien que este es el verdadero motivo
por el que comemos a una temperatura ambiente promedio de 32 grados
centígrados, comidas altamente calóricas como pavos asados, arrollados
de todo tipo, lechones, etc, por supuesto mezclado todo ello con las
nueces, almendras, turrones, panes dulces desbordantes de frutas secas
y abrillantadas, higos secos, avellanas y maníes.
Claro
que la ingesta de tremenda cantidad de variados alimentos nos invita
a refrescarnos la garganta con todo tipo de bebidas, concluyendo con
la infaltable sidra y el tan esperado “clericó”.
Y
en nuestra querida tierra, Argentina, como no nos alcanza con la “noche
buena”, seguimos comiendo al día siguiente: claro, porque tenemos
que festejar la “Navidad”.
Jamás
entendí porqué comemos ese día como si fuese el último de nuestra
vida, pero en realidad así ha sido desde que tengo uso de razón, y
debo reconocer con cierta vergüenza que no veo tampoco que hagamos
mucho para cambiarlo.
Verdaderamente
nos gusta comer en abundancia, y punto.
Sin
embargo, si recordásemos en esos momentos, que nuestro cuerpo es el
templo de Dios, y que es nuestra responsabilidad tratarlo y cuidarlo
como para presentarlo a nuestro Padre Celestial, muy probablemente
nos abstendríamos de cometer los tan habituales “abusos”.
1Corintios
3:16 (RVA) ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de
Dios mora en vosotros?
1Corintios
6:19 (RVA) ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, que mora en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois
vuestros?
20
Pues habéis sido comprados por precio. Por tanto, glorificad a Dios
en vuestro cuerpo. {Algunos mss. antiguos incluyen y vuestro espíritu,
los cuales son de Dios.}
Hemos
sido comprados por precio... la “preciosa Sangre de nuestro Señor
Jesucristo” derramada en la cruz del calvario !!!
Y
como siempre, hallamos presente el amor de Dios y Su voluntad de respetar
nuestro libre albedrío. Por lo tanto, nos deja decidir si vamos a
glorificarlo en nuestro cuerpo o no.
Comer
y beber con absoluto control y moderación es un modo más de dar gloria
a nuestro Padre.
Lamentablemente
muchos de nosotros olvidamos qué tipo de templo viviente somos, y
nos abandonamos en mayor o menor medida a los placeres de la tan tentadora
mesa de variados manjares. Y no es de extrañarse que así ocurra, por
cuanto es otro indicio más de lo mal que entendemos “el valor de ser
hijos de Dios”.
Quiero
decir concretamente: Que en nuestro diario vivir ¡tantas veces no
ponemos a Dios primero!...
Esto
tiene directa relación con esta tan en boga modalidad de decir:
“Por
supuesto que creo en Dios, pero a mi manera...
1.
Yo oro cuando lo siento,
2.
Yo voy al culto cuando quiero,
3.
Yo no voy a permitir que ninguno de estos pastores modernos
me diga qué es lo que tengo que hacer..., después de todo son tan
hombres de carne y hueso como yo,
4.
Mi dinero lo manejo yo, pues para eso me lo gané. Yo decidiré
dónde debo invertirlo para la obra de Dios,
5.
Considerando el mundo actual, yo soy una “buena persona”, no
hago mal a nadie.
Esta
peligrosa forma de creer en Dios de un modo distinto al que Dios mismo
estableció para relacionarnos con Él, es uno de los más frecuentes
errores que demuestran lo poco que conocemos a nuestro precioso Padre
Celestial; esto no es más que decir que Dios está después de lo que
Ud. quiera, piense o decida hacer.
¿Verdaderamente
cree que es posible que Dios lo bendiga mientras Ud. continúe ocupando
el lugar que legítimamente le corresponde a Dios?
En
definitiva la pregunta final es: Para Ud. ¿Quién
es Dios?
Anhelamos
tan solo invitarlo a la reflexión.
¡Dios
lo bendiga en abundancia y amor!
El
famoso “árbol de Navidad”:
El
“famoso árbol de Navidad”..., quizás el elemento simbólico más difundido
junto con la estrella de Belén, que tiene su origen en el norte de
Europa, en las áreas culturales germanas y nórdicas.
Entre
los pueblos de esas latitudes que fueron cristianizados, el sentido
religioso que la iglesia acercó, se mezcló con las celebraciones invernales
que ya incluían “cultos al árbol”, sobre todo a las especies más fuertes
como el roble, o a las que permanecen verdes en medio de la nieve,
como el abeto.
El
culto a este tipo especial de árboles tenía por finalidad asegurar
la continuidad de la vida, dado que no habían oído aún que la verdadera
vida ya había sido ganada para la humanidad toda por parte de Jesús
a través de Su sacrificio voluntario. Por lo tanto ellos se esforzaban
en pedir que renazca todo en la siguiente primavera rindiéndole culto
al árbol indicado. Y así se mezcló una vez más, lo religioso con lo
pagano, desde el momento en que se aceptó que junto con la adoración
del “niño Jesús”, se continuara adorando a un árbol.
El
árbol era un signo fuerte de la vida.
Evidentemente
el sentido de la tradición de la adoración al árbol ha cambiado. Si
así no fuera, ¿cómo podríamos siquiera imaginarnos ver en un árbol
de plástico un signo fuerte de la vida? Pero sea como fuere, la realidad
nos muestra que el árbol de Navidad es un elemento infaltable en todo
hogar, llámese cristiano o no.
Hemos
conservado la imagen y apariencia de una tradición pagana, aunque
sin mantener la conciencia de ello.
Creo
que los creyentes cristianos debemos tener muy en claro el verdadero
origen y significado del "árbol de Navidad", para que tengamos
autoridad espiritual para apartar lo pagano de las verdades de Dios,
y poder así alabar a Quien realmente merece nuestra alabanza: Dios
y su Hijo Unigénito Jesús.

La
mesa compartida:
Cuando
yo era un niño, recuerdo las inmensas mesas navideñas en la casa de
mi abuelo Juan, llena de familiares y amigos. Y como buena familia
descendiente de inmigrantes italianos, luchamos cada año por mantener
la tradición de estar “todos juntos”.
Sin
embargo, debo reconocer con mucho dolor y por la gracia de Dios sin
ningún reproche, que durante tantas y tantas Navidades, no recuerdo
una sola de ellas precedida por una profunda y sincera oración de
gracias a Quien verdaderamente se las merece y debiera ser “el motivo”
por el cual nos reunimos, me refiero a Dios y Su Hijo Jesús.
Y
este es uno de los síntomas verdaderamente más alarmantes. ¡Cuidado,
por favor!
Verdaderamente
la Navidad se nos está transformando en un ritual más, en una reunión
familiar si lo prefiere, pero no deja de ser una simple oportunidad
más para pasar unas horas juntos, comiendo y hablando de temas generalmente
intrascendentes, cuando en realidad tenemos y desperdiciamos la oportunidad
única de juntarnos “todos” los miembros de cada familia para adorar
y glorificar y dar gracias a Dios.
¿Pensó
alguna vez cuántas oportunidades más durante el año tiene para estar
reunido con sus familiares y amigos íntimos todos juntos? Probablemente
se sorprenda al tomar conciencia que en la Navidad es el único día
que todos sin excepción se reúnen alrededor de una mesa.
¿Y
cuántos de nosotros daríamos hasta lo que no tenemos para volver a
vivir una de “aquellas Navidades” en las que teníamos a todos los
que hoy no están? Sin embargo, y conscientes de ello, ¿porqué no aprovechamos
la oportunidad inigualable de estar todos juntos para testimoniar
a los que aún no abrazaron a nuestro Señor? Si hacemos esto, si presentamos
a nuestro Señor Jesucristo y dejamos que Dios salve sus almas, nos
aseguraremos de tenerlos con nosotros en la vida eterna que Dios regala
a todos aquellos que crean en Su Hijo Jesús.
¿Somos
hijos de Dios, nos reconocemos como tales? Por supuesto que SI.
Entonces:
¿porqué no aprovechar esta Navidad inminente para mostrarle a los
familiares y amigos que todavía no conocen a Jesús, que Él está vivo,
presente, amándonos y cuidándonos, y que lo único que desea fervientemente
es que le regalemos una sonrisa, una caricia espiritual y una plegaria
reconociéndole Sus méritos y sacrificio?
Pero
volviendo al tema, la mesa compartida evoca una antigua costumbre
de los países nórdicos. Justo en el momento más duro del invierno,
después de haber guardado y racionado celosamente los alimentos conservados
desde el verano para que duren toda la temporada, comer algo especial
e intercambiar con los amigos y vecinos lo que cada uno tenía era
como un recreo, un acontecimiento feliz que iluminaba y ponía un poco
de alegría a la dureza y a las privaciones de la temporada.
Hacer
todo esto con cordialidad y sincero amor constituía un paréntesis
en el retraimiento que provocaba el casi obligatorio encierro invernal.
Depende
de nosotros, como siempre, si la mesa compartida de esta Navidad será
un tiempo de comer con familiares y amigos, o muy por el contrario,
una inolvidable experiencia espiritual de compartir nuestra mesa con
Jesús.
Le
pregunto:
Si usted supiera que está el Señor Jesús a su puerta aguardando que
lo invite, ¿le negaría un lugar en su mesa? Por supuesto que no. Yo
no dudaría un instante en darle el lugar de mayor privilegio.
Sin
embargo, ¿Sabe Ud. dónde está Jesús ahora y dónde estará en la cena
de Navidad? Lea por favor:
Apocalipsis
3:20 (RVA) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.
Jesús
llama. La decisión de abrirle es exclusivamente suya. Anímese !!!

Los
villancicos:
Los
villancicos o cánticos navideños se remontan a la Inglaterra del siglo
XIII.
Como
la música sacra era más bien culta y se limitaba a los monasterios,
surgió la necesidad de tener también una expresión en las iglesias
de pueblo para alegrar la Navidad.
Al
comienzo surgieron estas canciones acompañadas con representaciones
que se hacían dentro de los atrios de las iglesias. Como algunos cuadros
eran muy realistas o inconvenientes por tener elementos extraños al
sentido religioso, el clero suprimió esas celebraciones dentro del
templo y los cantantes populares no tuvieron más alternativa que ir
de casa en casa.
Por
supuesto, y como una prueba más del amor de Dios y su carácter alegre
y deseoso de oír la voz de Sus hijos, la necedad de los líderes religiosos
no pudo acallar la voz del verdadero pueblo de Dios, y tal como se
llevara a cabo en los tiempos de la iglesia del primer siglo, las
reuniones (en este caso de cánticos espirituales de alabanza y agradecimiento
a Dios) se llevaron a cabo en las casas de los creyentes.
Ya
instalada la costumbre de celebrar también con cánticos espirituales,
y ante el efecto contraproducente causado por la medida de desalojar
a los cantantes populares de las iglesias, los responsables religiosos
permitieron el regreso de este tipo de música a los templos. La costumbre
se afianzó y aún se conserva por el encanto y la expresividad de las
canciones dedicadas al niño Jesús.
Le
pregunto:
¿Cuántas canciones navideñas comparte ese día con sus hijos, nietos,
sobrinos y amigos? ¿Una, cinco, veinte, tantas que no recuerda o ninguna?
Permítame recordarle (en el supuesto caso que sea Ud. una de las personas
que no canta en Navidad) que si alguien le robó la alegría de cantar,
no ha sido Dios, que es Dios de los vivos, y por lo tanto pueden cantar.
Y
no me diga que cree que esto de las canciones navideñas es un invento
de los hombres tal como acabamos de decir, del siglo XIII en adelante,
porque me obliga a invitarlo a que juntos repasemos nuestra Biblia
cuando dice:
Nehemías
12:46 (RVA) Porque desde el tiempo de David y de Asaf, {Ver 2 Crón.
29:30} desde tiempos antiguos, había directores de los cantores para
cantar alabanzas y salmos de acción de gracias a Dios.
Y
además cantaban ante grandes acontecimientos y llegaban a realizar
grandes esfuerzos para glorificar a Dios con sus voces, como por ejemplo:
Nehemías
12:27 Cuando llegó el día de consagrar la muralla de Jerusalén, buscaron
a los levitas en todos los lugares donde vivían, y los llevaron a
Jerusalén para que celebraran la consagración con alegría, alabanzas
e himnos, acompañados de platillos, arpas y liras.
Pero
además de todo esto, deseo recordarle también que nuestro Poderoso
Señor Jesucristo nos enseñó que aún bajo el peso de la adversidad
por la que estemos atravesando, Dios ve con sumo agrado que no dejemos
de cantar.
Cantar
cuando nuestro ánimo humano decae ante la cruda realidad que nos toque
vivir se vuelve un arma poderosa contra nuestro adversario el diablo
que pretende arrebatarnos el gozo y la paz que Dios nos dio. Tal fue
la actitud de Jesús finalizando su “última cena”, instantes antes
de ser arrestado y conducido a la muerte. Veámoslo juntos en:
Marcos
14:26 (RVA) Y después de cantar un himno, {Según las costumbres de
la Pascua, de cantar uno o más de los Salmos 113-118} salieron al
monte de los Olivos.
En
el contexto en que este versículo está escrito descubrimos que Jesús
ya sabía que todo cuanto habría de sucederle era inminente, pues profetizaba
acerca de su muerte. Sin embargo, no dejó de cantar un himno de alabanza
a Su Padre, Quien seguramente se llenó de gozo desbordante por la
demostración de amor y sacrificio voluntario que Su Hijo hacía por
Él, para reconciliar a la humanidad toda con Su Amado Padre Celestial.
En
el caso de los cánticos navideños, no encontramos ningún elemento
pagano, con excepción de aquellas manifestaciones que por su incomprensión
acerca del amor de Dios, pudieron haber estado totalmente fuera de
lugar. Gracias a los hermanos que en otros tiempos tuvieron la valentía
de continuar cantando de casa en casa, es que hoy recibimos como herencia
esas maravillosas canciones a las que debiéramos prestarles más atención.
¿Porqué
más atención? Sencillamente porque cada vez con mayor intensidad en
estas fiestas se escucha a cantantes populares entonando canciones
sin siquiera una mención acerca del nacimiento de nuestro Señor (cuando
no son una absoluta falta de respeto hacia Él); en vez de las dulces
canciones que nos ayudan a detener el vertiginoso trajín de cada día,
para dedicarle aunque más no sea “una noche en el año” a nuestro Señor.
Suelo
reflexionar:
Si no nos detenemos un día como en el que se conmemora nada más ni
nada menos que el nacimiento único de nuestro poderoso Señor Jesucristo,
que vino solamente a morir por todos nosotros, que trajo el regalo
inigualable de la redención por Su sangre, es que evidentemente nuestra
generación está lista para terapia intensiva de alta complejidad:
ESTAMOS
MÁS CERCA DE LA MUERTE QUE DE LA VIDA !!!
Aunque
mi pesar es grande, sé que jamás estaremos solos, pues si bien no
brillamos tanto como debiéramos, la gloria de la excelencia de Jesús
brilla por sí sola y no hace más que iluminarnos, iluminarnos e iluminarnos;
y muy bien sabemos que donde hay luz, allí esta Él.
Amigos,
podemos cantar con alegría !!!

La
figura de papá Noel:
La
figura de papá Noel o Santa Claus unifica dos tradiciones completamente
distintas.
1.
Por una parte, evoca a San Nicolás, tenido por un personaje
histórico, un obispo que vivió en el siglo III en la actual Turquía.
Se sabe que sus restos fueron llevados luego a Bari, en Italia.
La tradición evoca su gran generosidad y la forma anónima en que hacía
donaciones a los necesitados.
2.
Por otra parte, una costumbre de vikingos consistía en vestir
a alguien como el “Papá Invierno” o “Viejo Invierno”, que visitaba
las casas y era agasajado, pensando que con ello harían más benigna
la cruda estación invernal.
Las
dos figuras posteriormente se hicieron una sola y una de las características
más llamativas de la influencia del paganismo dentro de lo que pretendió
ser una evocación religiosa, vino a ser el llamativo traje rojo y
blanco del tan conocido Papá Noel.
Su
aparición es mucho más reciente: data de una campaña de la tan mentada
marca de gaseosas Coca-Cola que se realizó entre las décadas del 30
y del 60. Dicha compañía vistió al tradicional personaje con sus propios
colores oficiales, con tal éxito que ya se olvidaron otros posibles
atuendos. Por increíble que parezca, ahora es conocido así en el mundo
entero.

Reflexión
final:
Si
es usted una de aquellas personas que no se resignan a perder la ilusión
que rodea al mítico “Papá Noel”, permítame decirle que lamento muchísimo
haberle golpeado tan lindo sentimiento. Pero en rigor de verdad, si
es usted una persona cristiana, prefiero que pierda un poquito apenas
de ilusión y adquiera mucho más de parte de Dios.
Mientras
llevaba a cabo este trabajo, mi mente se veía constantemente obligada
a luchar contra un pensamiento recurrente: ¡Qué barbaridad (me decía),
si nos descuidamos un poco más, ya no recordaremos siquiera a Jesús
el próximo año!
E
inmediatamente me pregunté: ¿Recordamos a Jesús durante la Navidad
del año pasado?
Sé
que en mi interior estuvo permanentemente presente, pero de glorificarlo
y alabarlo como corresponde: a viva voz, con sincero orgullo, canciones
y gozo en mi corazón, con una actitud humilde, con un sincero arrepentimiento
por mis faltas y errores, y con un nuevo pacto renovado de intentar
ser mejor en el nuevo año, todo ello con la inigualable compañía y
soporte de mis familiares y amigos creyentes, lamentablemente nada.
Y
esto sí verdaderamente me preocupó.
Interiormente
me he propuesto intentar aunque más no sea, que esta Navidad que se
aproxima nos encuentre como familia, mucho más cerca del Señor que
todas las pasadas navidades. Sé que mi familia tiene una profunda
necesidad del amor de Dios, y creo verdaderamente que he sido yo el
escogido este año para llevarles Su Palabra de vida.
Y
creo realmente que también ese puede ser su cometido en esta Navidad.
Por
eso, amado hermano, quiero aprovechar esta preciosa oportunidad para
invitarlo a que se anime a extender sus manos a sus familiares y amigos.
No tema a su familia, porque tal vez sea ella la que más necesite
de Ud., aunque jamás se lo lleguen a pedir.
Lo
invito a ser un digno hijo de Dios, y humildemente lo desafío a que
compruebe, después de haber dado testimonio de nuestro Padre Celestial
y orado junto a los suyos, o al menos con aquellos que acepten su
invitación, si esta Navidad no es para Ud. verdaderamente distinta,
con más sentido espiritual que gastronómico.
Lo
vuelvo a invitar, porque creo sinceramente que no soy yo quien lo
impulsa, sino nuestro poderoso Señor Jesucristo, Quien le garantiza
que permanecerá a su lado apoyándolo, indicándole qué hacer o qué
decir conforme al corazón y las necesidades de quienes lo rodean.
La
conservación de las tradiciones depende de los que las tienen que
transmitir a las nuevas generaciones. Y más allá de que nosotros,
como estudiosos profundos de las Sagradas Escrituras, sepamos que
verdaderamente Jesús no nació un veinticuatro de Diciembre, no podemos
alejar a nuestros hijos de la realidad del mundo en que vivimos, y
como celebración internacional, nos guste o no también nos toca de
cerca.
Por
lo tanto, es nuestra elección convertirla en una brillante oportunidad
de hablar de y adorar a nuestro Salvador, o pasarla lo mejor y más
rápido posible, y volver a casa cuanto antes.
En
este sentido, los adultos de hoy tenemos una responsabilidad especial
respecto de mantener vivas las tradiciones navideñas con fidelidad
a su “espíritu cristiano”:
1.
Por una parte, a nosotros nos toca conocer y comunicar el sentido
profundo del acontecimiento histórico que la celebración recuerda.
2.
Por otra parte, debemos diferenciar este mensaje esencial de
todo el ruido y de las luces que las costumbres no religiosas agregan
y que muchas veces impiden lo primero.
Es
necesario que los cristianos acudamos insistentemente a los relatos
evangélicos del anuncio y del nacimiento de Jesús, y a los textos
proféticos que lo precedieron. En ellos encontraremos ese tesoro infinito
de esperanza y gozo: el niño de Belén es un signo vivo e intenso de
la misericordia del Dios que envía a Su Hijo para salvación de los
hombres.
1.
En la ternura del recién nacido,
2.
en la intimidad amorosa y santa de una familia que lo acoge,
3.
en las señales celestiales de Su presencia,
4.
en la comunicación del acontecimiento a pobres y sencillos,
5.
en la extensión del anuncio a los sabios de remotos países,
como claro signo de universalidad;
6.
en fin, en todos y en cada uno de los elementos de estos relatos
a la vez familiares y nuevos, podemos encontrar y enseñar el mensaje
eterno de la Navidad.
Desde
la fe, el Hijo de Dios que nace como todos los hombres es la afirmación
de la fraternidad que nos vincula a todos, y que nos compromete a
cuidar solidariamente los unos de los otros.
El
don de Dios que nos regala Su propio Hijo Unigénito es una invitación
a multiplicar los gestos de amor y a buscar sin desmayo la paz en
el interior de cada uno, en las familias y en las comunidades, para
proyectarla al mundo entero.
No
soy inconsciente acerca de que bien puede Ud. lamentablemente sufrir
dentro del seno de su propia familia, disensiones, enfrentamientos
y contiendas que más que agradable, convierten a la Navidad en una
pesadilla horrible. Sin embargo, permítame recordarle en amor, amigo
mío,
1.
que Ud. es el que debe creer que Jesús vino a rescatarlo;
2.
que dentro suyo puede habitar el Espíritu Santo que nuestro
Dios regala para que deje de ser débil y se convierta en un nuevo
ser, absolutamente capaz de sobrellevar cualquier situación, y apto
para convertir cualquier momento adverso en un glorioso día para nuestro
Salvador.
Pues
bien amigo, aquí tiene Ud. la mejor de las oportunidades para agradar
a Dios: cuéntele a su familia quién es Jesús, qué hizo, hace y hará
por Ud. y por ellos; cuánto los ama y lo ansioso que está en que cada
uno de ellos lo abrace y lo reconozca en su vida como su “personal
redentor”.
Es
nuestra responsabilidad esforzarnos por poner de relieve, más allá
de los ruidos y el despliegue visual de los adornos y los símbolos,
que nuestro Señor Jesucristo, que hoy VIVE Y REINA sentado a la diestra
de Dios, es el mismo que también VIVE Y REINA en la vida de todos
aquellos que le abren su corazón, y es Quien renueva la esperanza
y el amor, la paz y la fraternidad y el Único que puede hacer lo que
ningún otro ser es capaz de lograr: “AMARLO
HASTA REDIMIRLO”.
NOTA:
Redención se refiere a que Cristo libra a los pecadores de la esclavitud
del pecado. En los tiempos del Antiguo Testamento, a una persona
con deudas podían venderla como esclava. Luego el pariente más cercano
podía redimirla comprando su libertad. Cristo compró nuestra libertad.
El precio fue su vida.
Repito,
la responsabilidad es nuestra, y quiera Dios tener a bien concedernos
la sabiduría necesaria para serle útiles en Su obra redentora de la
humanidad toda.
¡Dios
los bendiga en abundancia y amor! Amén.
|