Finalmente, la LECCIÓN DE HIPOCRESÍA,
(hipócrita: falto de sinceridad, falso), como es público y
sabido, se representa en la figura de Judas, el traidor, Judas
Iscariote, quien no había creído en Jesús y por
lo tanto NO ESTABA UNIDO CON ÉL.
Judas tenía la predeterminación de traicionar
a Jesús y aún así, permitió que el Señor
también le lavara sus pies. Y las personas que son como Judas, son
tan buenos actores del papel que representan, que hasta engañan a
sus hermanos con total y completa facilidad. Pero al Señor jamás
podrán engañarlo.
A pesar de lo que acabamos de decir acerca de la HIPOCRESÍA
y JUDAS, quiero destacar que muchos de nosotros somos HIPÓCRITAS sin llegar
necesariamente a ser como Judas y traicionar a nuestro Señor como él
lo hizo.
¿Por qué?
- Sencillamente porque jugamos a ser creyentes, pero
no vivimos la fe cristiana. Por eso el Señor nos advierte: (Santiago
1:22 LBLA) Sed hacedores
de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.
- Porque hablamos y no hacemos. Y Él nos dice: (Santiago
2:26 LBLA) Porque así como
el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también
la fe sin las obras está muerta.
- Porque preferimos escuchar antes que estudiar La Palabra
y el Señor nos pide (1Tesalonicenses
5:21 LBLA) Antes bien,
examinadlo todo cuidadosamente , retened lo bueno;
- Porque es más fácil que otro se tome
el tiempo de organizar la iglesia antes que yo pierda mi valioso tiempo
para disfrutar haciendo lo que se me venga en gana; pero el Padre nos dice: (2Tesalonicenses
3:10 LBLA) … Si
alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.
- Porque la responsabilidad de ser cristiano es grande,
e implica el comprometerse con el Cuerpo de Cristo, con cada uno de mis
hermanos, y esto, muchas veces significa tener que meterme en el mismo
chiquero en el que mi hermano cayó para ayudarlo a salir de allí.
¿Exclamará Ud? … Como !!!!... yo..., un cristiano santo
e inmaculado voy a ir tan bajo. Lo siento mucho… que mi hermano se avergüence,
se arrepienta y clame a Dios y seguramente el Señor lo sacará del
pozo en el que cayó. Después de todo, se merece lo que le pasa.
Fue su decisión.
Quien así piense, tenga algo por seguro: Dios es el Único Fiel
y Verdadero y sin duda alguna sacará a esa persona del pozo, pero
lo que hubiese preferido es que la saque Ud. y así conozca más
del Señor que habita en su corazón.
Resumiendo: ¿Sabe por qué le digo que
somos hipócritas?
Sencillamente porque no lavamos los pies de nuestros hermanos
como el Señor nos mandó hacerlo.
Por eso no somos felices, no encontramos el gozo que
el Señor dice que ES NUESTRO.
Hermanos, lamentablemente, a juzgar por los frutos
que estamos cosechando, escasos y miserables, tenemos por seguro que otra
vez más el diablo nos ha robado.
Yo no puedo hablar por Ud., pero personalmente, estoy
harto de que me roben.
Por eso
le digo hoy, permítame lavarle los pies.
Déjeme hacer lo que el Señor espera
de mi.
Pero no venga solo a recibir. Venga también
a dar. Quítese su manto (despréndase de lo que le molesta para
servir), tome su toalla y venga a lavar los pies de los hermanos como Dios
manda.
Ah… una
advertencia final… Si acaso viene a lavar los pies de los demás,
recuerde que antes de traer su
ofrenda al altar debe de buscar al hermano con quien tiene una cuestión
pendiente y ofrecerle o aceptarle su disculpa:
Mateo
5:23-24 LBLA
(23) Por tanto,
si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas
que tu hermano tiene algo contra ti,
(24) deja tu ofrenda
allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu
hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
Si eso está hecho, sea bienvenido al GOZO DEL
SEÑOR.