1Pedro 1:15 (RVA) Antes bien, así como
aquel que os ha llamado es santo, también sed santos vosotros en
todo aspecto de vuestra manera de vivir,
Dios no habita con la inmundicia. Siendo Santo, sus
enemigos huyen ante Su Presencia. Sin embargo, muchos de nosotros (los que
nos sabemos hijos de Dios), nos ensuciamos con frecuencia y actuando como
si Dios no tuviese reproche que hacernos, nos acercamos a Su Santo Trono
manchados con nuestra vergüenza.
¿Puede Dios aceptarnos así?
¿Cree que Ud. le agrada al Señor revestido
de pecado?
¿Por qué imagina Ud. que Dios le pide
que viva en santidad?
Lo que está en juego aquí es nuestra íntima
comunión con el Señor. No hablamos de peligro de perder la
salvación. Ese es otro tema que tal vez estudiemos en otra oportunidad.
Lo que aquí debemos tener en cuenta es lo que el Señor le responde
a Pedro: Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
DEBEMOS
DISTINGUIR ENTRE “UNION” y “COMUNION”:
Este pasaje bíblico que estudiamos es
una clara referencia a la COMUNIÓN CON JESÚS. Recuerda
que todos estamos UNIDOS al Señor desde el momento en que lo reconocemos
como Dueño y Señor de nuestras vidas. Pero la COMUNIÓN
no es exactamente eso, sino nuestro diario vivir en relación íntima
con Él. Y esto es lo que el diablo quiere robarnos. Como no puede
llevarnos a la muerte con él, lo que hace es interrumpir nuestra comunión
con el Creador, sabiendo que así nos alejamos de la felicidad con
que Dios nos quiere ver vivir esta vida y la futura.
DEBEMOS
DISTINGUIR ENTRE “LAVAR” y “LIMPIEZA”:
(Juan
15:3 LBLA) Vosotros ya estáis limpios por
la palabra que os he hablado.
Es sumamente importante que entendamos la diferencia
entre estos dos conceptos.
El que ha sido limpiado de un vez (para
siempre) y por completo, no necesita hacer nada más que lavarse
los pies.
Cuando somos SALVADOS, se nos LAVA POR COMPLETO.
Cuando CONFESAMOS nuestros PECADOS diariamente al
Señor, se nos LAVA NUESTROS PIES y SE LIMPIA NUESTRO ANDAR.
Muchos
creyentes cometen la misma equivocación de Pedro en el versículo
9; quieren ser salvos (lavados) de nuevo, cuando todo lo que necesitan es
solamente lavarse los pies. Y lo peor que nos sucede aquí, es que
esta responsabilidad está puesta por Dios sobre nuestros hombros.
Somos nosotros los que debemos lavarnos los pies unos con otros. ¿cuánto
hace que no le sirves a un hermano como el Señor Jesús nos
enseñó lavándole los pies a los discípulos?
Yo
no necesito tu respuesta. Creo que ni Dios mismo la necesita. El único
que tiene que responderse a sí mismo eres tu en intimidad con el Señor.
Con Él te dejo, pues es lo mejor que puedo desear para ti en este
momento. Que Su luz Admirable te ilumine en todo tu ser.