Hoy,
después de varios días de dura lucha en el espíritu, he podido llegar
a escribir esta breve reflexión. He sentido que estamos atravesando
épocas tan exigentes, donde el diario vivir nos enfrenta diariamente
con situaciones límite donde nuestras decisiones deben ser tomadas casi
sin el más mínimo tiempo de reflexión y oración.
Sí, es cierto... son tiempos duros.
Pero en este cuadro de situación en el que estamos viviendo, me pregunto:
-
¿Acaso no
fueron difíciles para nuestro Jesús los momentos de Su ministerio
en la tierra?
-
¿Cómo se sintió nuestro
Salvador al llegar a los 40 días de ayuno en el desierto?
-
¿Qué experimentaba
nuestro Amado cuando veía a los fariseos y sacerdotes de su época
apegarse a "doctrinas de hombres" y exigiendo el cumplimiento
de rigurosos "principios religiosos" a los creyentes;
que ellos mismos no eran capaces de cumplir?
¿Imaginas acaso lo que llegó a experimentar para llamarlos "sepulcros
blanqueados"?
-
¿Qué sintió Jesús cuando
entró al templo en Jerusalén y vio a los cambistas y comerciantes
al punto de llegar a decirles que habían convertido la "casa
de oración del Padre" en una cueva de ladrones?
-
¿Qué sucedió en el
corazón de nuestro Redentor cuando supo de la muerte atroz del
más grande de todos los profetas del Señor: Juan el Bautista?
-
¿Qué sentimiento experimentó
Jesús cuando lloró ante la tumba de Su gran amigo Lázaro?
-
¿Cuál fue la vivencia
del Rey de Reyes al sudar como grandes gotas de sangre que caían
hasta el suelo horas antes de los sucesos que pondrían fin a Su
vida en la cruz?
He meditado acerca de todo
esto y hallo que en mi corazón todavía hay mucho por quitar, demasiada
carga que entregar en humillación antes los pies de Cristo; mucha
más falta de agradecimiento de lo que creía.
Comprendo que mi Señor ha extendido Su mano de amor sobre mi
vida y ha tapado Sus oídos a muchos de mis reclamos... te pido perdón
Señor en compañía de mis hermanos, pues hoy como jamás antes reconozco
que no soy digno de Ti y aún así compruebo que Tu no me abandonas;
te veo Señor tocar con Tus Santas manos mi sucio corazón y sin ningún
tipo de reproche, sencillamente me limpias una y otra vez. Oh Señor...
TU FIDELIDAD excede mi limitada comprensión. Caigo de rodillas ante
Ti y clama mi corazón: GRACIAS SEÑOR, este pecador arrepentido TE
AMA desde lo más íntimo de su ser.
Hermano amado, mi oración
y súplica es a Dios para que tenga la misericordia de tocarte
con Su Espíritu Santo de modo similar a como lo ha hecho hoy conmigo.
Y si así lo concede el Señor, sabrás qué es lo que me llevó a este
estado de arrepentimiento. Sinceramente ruego a Dios para que te conceda
la gracia que me ha sido dada para comprender la dureza de mi corazón
y la necesaria "conciencia de pecado" para poder renunciar
y "soltar" la cuerda de la que me estaba tomando hasta hoy
"sin siquiera saberlo". Clamo a Dios para que también te
bendiga así a ti ahora mismo.
Recuerda:
2Corintios 7:9 (RVA) Ahora me gozo, no porque
hayáis sentido tristeza, sino porque fuisteis entristecidos hasta
el arrepentimiento; pues habéis sido entristecidos según Dios, para
que ningún daño sufrierais de nuestra parte.
10 Porque la tristeza que es según Dios genera arrepentimiento para
salvación, de que no hay que lamentarse; pero la tristeza del mundo
degenera en muerte.
11 Pues he aquí, el mismo hecho de que hayáis sido entristecidos según
Dios, ¡cuánta diligencia ha producido en vosotros! ¡Qué disculpas,
qué indignación, qué temor, qué ansiedad, qué celo y qué vindicación!
En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.
Amigo
querido, créeme que estoy como nunca hincado de rodillas ante Dios
suplicando para que te conceda esta inmensa gracia de pasar de la
profunda tristeza al "arrepentimiento para salvación". Estoy
absolutamente convencido de que necesitas ya mismo arrepentirte de
aquello que has dicho o hecho o pensado, pues se ha convertido en
una terrible carga para tu alma. Y estoy viendo a nuestro Señor moverse
con "gran poder y autoridad" librándote de toda atadura
y rompiendo con todas las cadenas que te tenían sujeto a tus cargos
de conciencia. Humíllate hermano, póstrate ante nuestro Único Dios
y Padre Todopoderoso y ábrele tu corazón; pues Él está frente a ti
aguardando pacientemente tu oración.
Y cuando ores, no olvides:
Lucas 15:7 (RVA) Os digo que del mismo modo
habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por
noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
2Pedro 3:9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por
tardanza; más bien, es paciente para con nosotros porque no quiere
que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Bien hermano de mi corazón,
aquí me despido por hoy.
Espero en Dios para que a
través de la Persona del Espíritu Santo te conceda la gracia
que he recibido y con mi mayor esfuerzo y mejor voluntad he tratado
de compartirte.
Que Dios te guarde en la palma
de Su mano por la eternidad !!! Amén.
Espera:
Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un
árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, pudo
darse
cuenta, con gran tristeza, que al tronco marchito le brotaron
retoños.
Mi padre dijo: "Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto.
Había
perdido todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las
ramas
se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una
pizca
de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba en él la vida".
Y volviéndose hacia mí, me aconsejó: "Nunca olvides esta importante
lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión
negativa en tiempo adverso. Nunca tomes las más importantes decisiones
cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La
tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá."
Y mientras aguardas en Él, no olvides de orar, orar
y orar, pues aunque el mundo entero te diga que es inútil, la Fidelidad
de Dios te demostrará que NO ES CIERTO.
Te abrazo con mi corazón.
|